Las reflexiones y dudas de un fotógrafo metronauta que ya no cree en casi nada y espera poco de quienes dirigen el mundo, el país e incluso la ciudad. Por si alguien las quiere compartir y discutir.
viernes, septiembre 05, 2008
Y eso después de la sanidad, la enseñanza y hasta la vergüenza....
jueves, septiembre 04, 2008
miércoles, septiembre 03, 2008
"LOS HOMBRES SON INFIELES POR CULPA DE UN GEN LLAMADO ALELO", en el que supongo que el becario de turno, pobrecito, desconoce que un alelo es la localización espacial de un gen en un cromosoma, por eso llevan numeración y el susodicho es el 334 del que si se tienen uno o dos parece ser que varía el comportamiento sexual y la tendencia a la infidelidad, según un estudio del Instituto de Investigación Karolinska y no el nombre del gen. No me voy a meter en más líos biológicos.
El otro titular "glorioso" es "POLÉMICA POR UN CRISTO ERECTO" y corresponde a un breve que cuenta que El Centro Báltico de Arte Contemporáneo de Gateshead tendrá que responder ante la justicia británica "por una escultura que representa a un Jesucristo en estado de erección". Hemos de suponer que se refiere a su pene y que les da miedo juntar las dos palabras Cristo y pene, porque una figura en erección suele ser normal si está de pie, pues erigir es levantar no sólo penes sino cualquier cosa. Y así nos va... Porque esos deslices en los titulares cotidianos tienen una causa: muchas empresas periodísticas han suprimido a los correctores y cualquiera que escribe lo sube directamente, con faltas o sin ellas. En la mía desde luego no es así, porque el director, para castigo de los redactores, se lo lee casi todo antes de publicar, lo cual seguro que redunda en beneficio de los lectores o, cuando menos, evita el sufrimiento perruno de alguien.
martes, septiembre 02, 2008
lunes, septiembre 01, 2008
Como creo que nadie lee mi viejos escritos, o al menos no se hacen comentarios que me indiquen el más mínimo interés por ellos, voy a pasar de regalar ese esfuerzo que me costó mucho estudiar, reflexionar y poner en negro sobre blanco hace una década un montón de cosas que ahora parecen estar de moda. Y voy a dedicar este blog a contar las ocurrencias y las preguntas que tengo que hacer al mundo y nadie sabe contestarme. Me importa un carajo que no lo lea nadie, porque se trata de ensayar mi pensamiento, es decir que mientras escribo mi reflexión se encuentra con sus contradicciones y trata de encontrar algún modo de aclararlas para entenderme yo, en primer lugar, y si alguien anda por ahí y le da por leerlo, pues eso se lleva gratis. Y voy a tocar cualquier clase de tema sea polémico o no, simplemente por el mero hecho de hablar porque sí.
Hoy me sigue irritando que un futbolista que gana un pastón por hacer lo que le gusta como profesión (Robinho, pero podría ser cualquier otro) desprecie al entrenador que le quiere en el equipo porque confía en su juego y le amenace con "el riesgo que supone quedarse con alguien descontento". Nos ha tocado los cojones el chulín... Si quiere irse que pague su clausula de rescisión que firmó en su día por interés mutuo con el club y se ande donde quiera, sea el Chelsea que "mucho chau_chau.. pero poco neque-neque" como decíamos de pequeños, porque si quieren irse de rebajas ya verán como queda de saldo este muchacho después de un año o los que le queden sin jugar. Si se me ocurre a mi, que soy otro privilegiado (no en el sueldo desde luego pero si en el hecho de trabajar en lo que me gusta: fotógrafo) decirle a mi jefe que o me traspasan a otro periódico o trabajaré descontento, ya se imaginan la respuesta... Pues vale, tu haz lo que tienes que hacer y si meter goles (o hacer fotos) no te da satisfacción no cobres a final de mes y así te fustigas un poco. Hay que ser jeta... y creerse el ombligo del mundo, pero ese parece ser un síndrome brasileño del que sólo se vió libre el gran Roberto Carlos, los demás en cuanto que huelen pasta en otro lado ya están replanteando su situación a ver qué pillan. Si yo fuera Schuster le pondría en la lista de juegadores disponibles todas las semanas y le exigiría en los entrenamientos y en los partidos según lo que se espera de él, que se cree un crack, y si no cumple... multa o suspensión de empleo y sueldo, como hacen con los currantes.
Otro asunto, de mucha más relevancia por supuesto, es comentar lo que Almudena grandes plantea en su columna de El País, esa distinta vara de medir que se usa según para quien: los jugadores de la selección de baloncesto norteamericana, dice, no han pasado ni un sólo control antidoping en la olimpiada porque lo consideran una humillación y el COI se lo permite!. O sea que se ponen hasta arriba de química y, como en su país son diosecillos, no importa que sean violadores convictos (Bryan), pistoleros y drogotas, adictos a las peleas tanto como a los tatuajes y las fiestas, sino que su prepotencia les otorga el lujo de ir a una olimpiada con su propias reglas, como que no les piten nunca "pasos" o "cámino" que decía al estilo antiguo el bueno de Romay. Si hacen eso en el deporte como no lo van a hacer en lo demás: Sólo se reconocerá el derecho a independizarse del estado al que se pertenece si a su geoestrategia le interesa (Kosovo y Bosnia, pero no Osetia o Abjasia; esperemos que no llegue la ETA a un acuerdo con el próximo presidente americano (rosado o café con leche, da igual, porque su política exterior depende de las multinacionales y de las empresas armamentistas, siempre dispuestas a montar guerras donde haga falta "para defender las libertades" de sus amigos en contra de las de los amigos de otros que también dicen defender las libertades: Tanto monta, monta tanto, el ruso o el americano": Y digo lo de ETA, porque si en Irlanda forzaron, Blair mediante, una paz difícil, imagínense como iba a escocer aquí algo así como tener que negociar porque lo dicen los amos del mundo. Anda que...
martes, julio 08, 2008
Otros pocos capítulos más de mi libro inédito "69 Reflexiones"
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Creo que la única obra de arte ya posible, en la era actual, llegados ya definitivamente a la copia de la copia, donde el barroquismo sirve como justificación de la pérdida de imaginación en todos los terrenos al haberse mercantilizado no sólo el arte, sino hasta los aspectos marginales del mismo como sus técnicas y la reproducción para el consumo, el propio artista como parte de su creación-fetiche, etc.; sería hacer un montón enorme en un lugar público, frente a un museo importante, con trozos de esculturas clásicas de todas las épocas, reproducciones de cuadros y libros de arte y vídeos, rociarlo todo con pintura inflamable y petróleo y pegarlo fuego en medio de una fiesta a la que asistieran invitados los críticos y directores de instituciones del arte. Sería una forma de destruir estéticamente la imagen del arte (no el arte en sí, ya que no tenemos derecho a fastidiar la herencia de las generaciones anteriores) apelando a reconstruir el sentido estético desde una nueva perspectiva, unas bases futuribles de acción estética que rompan no con el pasado sino con su mentira: toda manifestación artística desde la Venus de Milo en escayola al Apocalipsis Now en vídeo, desde los planos de una catedral en realidad virtual a la música de John Lennon tocada por Luis Cobos, ardiendo en su forma bastarda de pretendida copia de sí mismo, para mostrar su vulnerabilidad estética y la absurdez paradigmática, su ingenuidad al pensar capaz de influir éticamente y la inútil vanidad del mismo artista. Sería una acción pseudorevolucionaria, una copia de lo que quiere mostrar, porque estarían presentes los mismos medios de comunicación y los apóstoles de las "verdades estéticas", así como las fotografías de muchos artistas famosos.
Y es ridículo concluir por ello que "el arte ha muerto", en todo caso habría que pensar que ha sufrido un intento de asesinato por parte de los mercaderes, pero no goza de buena salud aunque haya más artistas que nunca. El problema es a quién sirven esos artistas su arte: a los que organizan multitudinarias exposiciones de gentes que se tragan lo mismo a Velázquez que a Miró sin entender ni a uno ni a otro; a los que, cómo la CIA promocionan el abstracto para combatir ideológicamente (¡) al comunismo, y viven del parasitismo de la creación, lanzando o denigrando a los artistas que no se someten por las buenas o por las malas a los criterios imperantes, para lo cual hacen y rehacen catálogos y enciclopedias oficiales; a los "vacíos estéticos" que elucubran para sacar cada temporada una colección para exponer lo mismo que hacen los modistos, porque "renovarse o morir" y copian o regurgitan ideas que les mantengan en candelero; a... en definitiva el arte no puede verse atado a nada, por eso me encanta ver las ridículas polémicas para "reconstruir" el Liceo barcelonés o la Fenice veneciana, ¡valiente tontería tratar de reconstruir el arte sin cargarse precisamente lo que tiene de artístico, que es lo nuevo y chocante a su época!.
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Habría que reescribir los diez mandamientos, pero esta vez con una perspectiva mucho más humana: ética laica, útil al conjunto de la Humanidad, o mejor dicho simplemente respeto. Donde la fraternidad sustituyera a la coacción divina (paterna) y el amor a lo trascendente se basase en el universo que habitamos, el mundo y nuestros acompañantes en todas sus formas de existencia, inclusive aquellas que no somos capaces de comprender como vitales, pero lo cual quizá se deba simplemente a que no hemos descubierto aún sus códigos que serían la manera de comunicarnos, es decir, de entender una realidad que difiere de la nuestra, tanto como mirando a la inversa. Porque nos hemos acostumbrado a ver sólo lo que estamos acostumbrados a ver, y la naturaleza nos sorprende continuamente.
En realidad, el primer paso ya está dado, aunque sea difícil hacerlo cumplir; se trata de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que casi todos los Estados han firmado y ninguno respeta en su totalidad, como viene denunciando sistemáticamente Amnistía Internacional (o Human Rigths Watchs), puesto que precisamente los estados se inventaron para usar del poder en beneficio de quienes lo detentan y no para defender a los que lo sufren. Pero esa lista es un buen comienzo de compromiso, a lo que no estaría nada mal añadir los Acuerdos de Río, El Cairo y Pekín entre otros. Así, cada "mandamiento" o "derecho" (es importante dotarlos de un carácter bifocal) tendría que ser simplemente un palabra: AFECTO, RESPETO, RESPONSABILIDAD, DIGNIDAD, COOPERACIÓN, ESTÍMULO, CREATIVIDAD, etc., claro que eso es sólo un principio, porque lo natural sería que no precisásemos de leyes ni morales para comportarnos.
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Y, aunque ya sé que se les ha ocurrido antes a otros buscar una cierta sencillez en nuestro orden, me gustaría definir brevemente lo ético y lo estético como dos actitudes humanas basadas en la duda. En el primer caso, de carácter interior y legal, un compromiso de actuar conforme a un código de comportamientos que se corresponda con lo mítico, aquello que caracteriza a una sociedad y la hace diferente de sus vecinas, que constituye su sistema implícito de valores a seguir por todos y cada uno de sus individuos. Lo que en las viejas sociedades se consideraba emanado de un dios, siendo en realidad aquellos atributos que por considerarse más altos pretendían dotar a esas culturas de una ascendencia maravillosa. Y que en las sociedades modernas se ha convertido en Ley y Orden para mantener la jerarquía dominante.
En el segundo, creo que se participa más del placer que de la realidad. La estética es el juego de inventar constantemente lo que no está en el mundo, para dominar las fuerzas intangibles que sentimos que mueven la existencia. Es el atrevimiento infantil desde la perspectiva del adulto, que impacta en los demás por lo que tiene de nuevo. Se constituye a partir de lo ritualizado, la vuelta a un tiempo sagrado en que las formas armonizaban en un espacio también virtual y por ello se entienden perfectas; y eso deviene en cada actualización, una vez admitida socialmente claro, en la forma de las referencias artísticas características de esa cultura. Por eso cada época y civilización tiene su arte; y la admiración que supone a las generaciones posteriores suele ser consecuencia del reconocimiento de los avances imaginativos que expresó. Pero, por eso mismo, resulta con frecuencia incomprensible para sus coetáneos. Es tan sólo un juego, y el artista se divierte creando, disfruta incluso de los problemas que se plantea y que le impone el sufrimiento de descubrir las soluciones adecuadas. La mitificación actual del arte tiene que ver más con el comercio que con la realidad del artista. Como la mitificación de los principios éticos tiene mucho más que ver con los legisladores, que se pretenden dioses al aplicar sus formas por encima del fondo que las dio lugar (y el ejemplo más claro son los abogados americanos capaces de obtener valor de la podredumbre moral), que con los filósofos que buscan casi artísticamente los nuevos valores por venir. Por eso, se quiere destruir a la filosofía (¡vano intento!, pues sería como eliminar al hombre) en la educación para que deje de importunar a los leguleyos, lo mismo que los mercaderes del arte disfrutan encadenando a los artistas al dinero para destruir el propio arte, cuyas manifestaciones de vanguardia les desbordarían porque no las podrían comprender ni manejar. E igual que los propietarios han conseguido destruir el valor de las cosas a base de aumentar su beneficio una y otra vez.
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Es curioso que para poder estudiar la inmensidad, desproporcionada a nuestro tamaño, que es el Universo y sus galaxias, el hombre tenga la necesidad de acudir a la población de diminutos átomos en su seno. Que sea la composición de las más ínfimas partes de materia y la correspondiente energía que se genera y da lugar al reciclaje mutuo de ambas, lo que interesa para poder entender en donde estamos y de qué procedemos. Pero debe hacerlo así; sólo al unir lo inmenso y lo ínfimo se puede comprender donde estamos.
Los primeros instantes de existencia universal, eso que llamamos Big Bang (el Gran Desparrame), se tratan de reconstruir para comprender los diferentes estados por los que pasó el barro de que estamos compuestos y el soplo vital que nos llevó a poder planteárnoslo ahora. E igualmente ocurre en el nivel macroscópico de nuestro organismo: Son la información genética y la transmisión de la información básica por nuestro cuerpo lo que puede permitirnos comprender qué somos: los diferentes niveles de conciencia existentes en cada sistema cibernético demuestran una eficacia natural en su coordinado estado de autonomías biológicas, y una gran capacidad de decisión propia a la hora de abordar los problemas específicos y ponerlos en relación con el conjunto del ser que es una persona -o cualquier animal, vegetal u organismo complejo-. Porque todos los seres son parte del sistema y lo físico no es mas que un estado cuántico de lo espiritual (aunque no me gusta nada esta palabra por su carga religiosa), al igual que la masa no es otra cosa que un determinado estado de la energía.
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La mente es un nivel superior de articulación y respuesta a disposición del complicadísimo sistema de sistemas en que se convirtió el protohumano. Casi todos los seres anteriores ya eran sociales, por lo que no es esto una característica propiamente humana, muchos utilizan mecanismos o medios interpuestos (como herramientas y rituales) para adaptarse mejor al medio natural, e incluso llegan a modificarlo con sus acciones para sobrevivir -de ello los etólogos y también los botánicos seguro que nos podrían dar un millón de ejemplos-, lo que distingue a los humanos del resto del reino natural es su reflexividad que le ha permitido construir un lenguaje más dúctil con que comprehender el medio que le rodea, y sobre todo le dota de una capacidad de prueba convertida en sistemática a partir de otros animales superiores y que es el juego. Somos seres creadores impredecibles. Si hemos llegado a descubrir, tras cuarenta o cincuenta siglos de "darle vueltas al ovillo de lo desconocido" algo tan sorprendente como son la mecánica cuántica, la teoría de la relatividad y la complejidad holográfica de tantas topografías materiales e inmateriales, es porque todas las posibilidades se nos han presentado como probables e igualmente indeterminables; y, sin embargo, hemos seguido dándole vueltas al tema del ser hasta producir una influencia perversa en las mismas condiciones de nuestra vida. Ahora sabemos que el espacio-tiempo que habitamos es una realidad extraña y mutable, e incluso pensamos que podría modificarse con nuestra propia intervención, porque de hecho no se trata de una realidad absoluta sino que depende de las condiciones que la generaron, como pueda ser la luz, que es lo que también ha producido nuestra vida. Si volvemos a mirar un fotón, en su indeterminable presencia cuántica, nos encontramos con el secreto mejor guardado por el Universo, aquel que esconde todas las leyes sagradas y científicas -que al fin y al cabo son dos formas de adorar lo mismo-, la antepenúltima caja china, que seguramente oculta otra colección más diminuta aún de cajitas. Los misterios de lo que consideramos "normal", "extraño", "paranormal" o "absurdo" se hallan en alguno de los rincones de cada cajita, las dimensiones de las mismas sólo se nos revelan al abrirlas, aunque los filósofos especulan sabiamente acerca del contenido metafísico de las próximas. Los científicos las abren y cuentan lo que ven, que no siempre es todo lo que hay, e incluso puede ser una falsa imagen de ello; después los políticos las utilizan a su antojo y los mercaderes ponen en el mercado aquellos aspectos que consideran más "comercializables"; los artistas se imaginan qué puede haber allá o interpretan lo más vanguardista, y los comerciantes siguen vendiendo reproducciones de las reproducciones especulares encontradas por científicos y artistas, lo que llaman avances científicos y decoración a la moda, subproductos de lo nuevo.
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No somos tan distintos a un termitero o a un arrecife de coral en la eficacia de la adaptación, si no fuera por la capacidad para operar continuos cambios en las posibilidades ofrecidas. Es como si tuviésemos más opciones debido a nuestra mayor complejidad, y probáramos con ellas a una rapidez que las modifica, multiplicando logarítmicamente las respuestas convertidas en nuevas preguntas.
Lo que es imprescindible para nuestra adaptación pues, como dice M. Serres a propósito de los bosques de monocultivo son ideales para la propagación del fuego, y "sólo la diversidad, el uso múltiple y reticulado del espacio evita el estrago de las llamas: la invasión del lugar por y para una sola forma de vida acaba matándola."
Nuestro sistema nervioso parece recurrir a lo analógico y a lo digital ante cada estímulo electroquímico, que es en lo que se descomponen nuclearmente los interrogantes, pero es lo segundo lo que impone su ley: SI o NO. De ahí nuestra perplejidad ante lo confuso. Lo cuántico define ambas posibilidades, pero se manifiesta o no lo hace, para nuestra sorpresa, es o no es real, es o no es posible, es o no es imaginable; en definitiva, estar puede ser una forma de ser, pero el No-ser también existe como ausencia, e interfiere la realidad desde el otro lado al crear el vacío que succiona osmóticamente nuestro deseo. Es una forma de decir que "no soy nada sin tu amor, aunque éste sea imposible."
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En realidad, si llegamos a la conclusión de que somos un sistema muy complejo de los muchos que existen en la naturaleza, y que por ello la Tierra es un sistema aún más complejo, en la medida que nos contiene a nosotros y a nuestras sociedades, además de a los demás seres terráqueos, tendríamos que empezar a pensar que quizás exista una forma de conciencia que nosotros no comprendemos cabalmente y que sirve para regular el funcionamiento del individuo casiesférico en el que parasitamos y que últimamente nos ha dado por someter a crueles castigos sin querernos percatar de las molestias que podemos estarle ocasionando. Como no comprendemos su inteligencia, aunque nos hagamos cargo de aspectos parciales al verle regular sus vueltas alrededor del sol que le da calor y vida por medio de cambios climáticos y mecanismos que equilibren su temperatura interna y externa a través de la geotérmica y los corrimientos de placas y todo lo demás, pretendemos ser más "listos" en nuestro ego(antropocentr)ismo y abusamos de su permisividad. No sé si la madre Tierra (la Pachamama que decían los incas) piensa en la forma que lo hacen sus pequeños habitantes bípedos vestidos, pero nadie puede negar que actúa como si así fuere y es muy probable que las más de dos mil bombas atómicas (la estadística media es de dos bombas diarias de la potencia de la de Hiroshima desde hace 50 años) estén fastidiando mucho más que todo lo sufrido desde que fuera impactada por aquel célebre aerolito que ocasionó la desaparición de la mayoría de habitantes terrestres de gran tamaño, extinguiendo especialmente los dinosaurios, una opción evolutiva de desarrollo de formas de vida superior anterior a nosotros. La gran burbuja de gases donde desarrolla la vida nuestro anfitrión (la Tierra) es físicamente muy vulnerable y ese enorme ser que parasitamos podría morir o desprenderse sin mas de nosotros.
A lo mejor, lo que nosotros entendemos como fuerzas gravitatorias universales, son la forma de decirse "te quiero" de unos seres a los que nuestra pobre inteligencia no llega aún a comprender, y que contienen relaciones de existencia mucho más antiguas y durables de lo que nuestra insignificancia es capaz de imaginar aún. Pudiera ser que nuestras sofisticadísimas naves espaciales, correteando por el núcleo familiar del sistema solar, sean sólo mosquitos yendo del culo de la vaca a su morro, sin saber que toda esa masa peluda blanquinegra es un sólo ser; o que un agujero negro, incluso el mismo Big Bang fuese sólo el pedo, ni siquiera un trozo de mierda, de un sistema en que somos menos que bacterias.
Lo que quiero decir es que más nos vale poner un poco de orden en casa sin perder de vista que la basura que arrojamos por la ventana está cayendo en nuestro patio.
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Las 4 fases de una mala noticia; incredulidad, rabia, depresión y aceptación tienen su paralelo en muchos niveles de la vida, como por ejemplo en el arte, que, si es de vanguardia realmente, produce primero sorpresa, después rechazo, más tarde indiferencia y por último es aceptado por el público y utilizado en la decoración.
También se corresponde en cierta medida con las llamadas virtudes cardinales: prudencia, templanza, fortaleza y justicia, aunque en este caso se invierte a positivo el contenido de las 4 fases.
El condicionamiento infantil a la respuesta ante el Otro, conduce a que mucha gente, culturas enteras a veces, se detenga paralizado en una fase y no sea capaz de progresar a la siguiente: se vuelven locos al no aceptar la realidad, atacan violentamente para defenderse de lo extraño. Se autocastigan con intención suicida al no superar la fase depresiva, o bien, llegan a asumir maduramente y se preparan para lo que acontezca, sea la muerte propia o la pérdida del amor. En lo positivo ocurre igual, pero tras la sorpresa viene el entusiasmo, luego la alegre serenidad y por fin también la aceptación, que es cuando realmente se disfruta de la vida.
Son, así mismo, las fases de que consta un proceso de enfermedad, incluyendo en ello a las mentales como la ludopatía.
¿Tiene que ver con la composición atómica: pares nucleón y fermión, formados por pares de quarks y leptones, etc.? y todo el sistema físico de fuerzas/partículas desencadenado en la asimetría inicial.
También podríamos compararlo con los elementos : Fuego, aire, agua y tierra que según Aristóteles constituía todo lo existente. Y con los sabores: Ácido, salado, amargo y dulce; las estaciones, los puntos cardinales y otras tétradas naturales, que se corresponden con las 4 etapas de la vida: infancia, juventud, madurez y senectud; y con las del ciclo que siguen los sistemas históricos en su desarrollo: surgimiento, desarrollo, consolidación y barroquismo mortal (esta es, por cierto, la del capitalismo actual en que conviven como en un retablo dorado y pomposo todas las variedades).
Además en la sociedad que vivimos se condiciona a los sexos de diferente forma: los hombres tienen que tomar la iniciativa de la agresividad, con sus excesos violentos; las mujeres tienen que aceptar sumisamente lo que les venga, por eso su autoestima es mucho más baja ya que se les humilla más desde niñas y se las convierte en depresivas o histéricas, mientras se prima el orgullo masculino ("los hombres no lloran", "eso es cosa de nenas", "se un hombre y lucha", etc.). La psique se neurotiza así y responde con mecanismos proyectivos o histéricos, somatizando a veces los momentos en el propio cuerpo físico; mientras que las psicosis son la forma de negar la realidad, pero sólo quien llega a aceptar ésta finalmente puede cambiar su vida.
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Y qué les parece la idea de que dentro del organismo complejo que habitamos, la Tierra, haya cuatro grandes reinos y no tres: mineral, vegetal, animal e ideal, cada uno producido por un nivel de orden o inteligencia en su crecimiento del que el siguiente es un salto cualitativo a escala superior de organización. De todos formamos parte, pues contenemos partes del primero, de hecho estamos formados en un 90 % de agua y otros minerales, tenemos plantas, bacterias y el metabolismo distinto como seres, pero incluso nuestra piel funciona al estilo vegetal al sintetizar vitamina D asimilando la luz solar, sobre la cantidad de parásitos o animalillos viviendo en nuestro interior y a nuestro alrededor y que nos son imprescindibles en muchas ocasiones no es preciso extenderse, pero es que nosotros mismos nos reconocemos descendientes y parte de ese reino; para no hablar de los restos vivos que son nuestros 3 cerebros y su química. Del último nivel, compuesto por las imágenes y los conceptos, ya empezaron a hablar en el siglo IV antes de nuestra era, y a expresarse con dibujos mucho antes, pero ahora ya ha tomado unos niveles excepcionales en forma de sistemas ideológicos, económicos, políticos, religiosos, etc. que nos superan en vida a los individuos que los conformamos, y que se mueven en el ciclo de la vida con una autonomía y al mismo tiempo dependencia ecológica similar al resto. Son superorganismos o entes no materiales (su ADN sería la ética de cada sociedad, y va escrito en los mitos y costumbres que se transmiten en la educación), con lo que se cierra el ciclo natural al volver la información inicial, que dio origen a distinguir entre energía y masa para los observadores humanos, a su punto de partida: un universo sin uno ni otro, pero que necesita de la invención -por nosotros que somos quienes nos creemos el centro de Todo- de la exclusión de una parte para poder nombrar a la otra: la asimetría del bit informativo.
martes, junio 03, 2008
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La filosofía es a la ciencia, lo que el arte al bricolage; una búsqueda virtual de un algo más que de a la percepción las alas que una onda hace vibrar, antes de fijar sus momentos para convencernos de su existencia. Por eso, siempre va por delante fijando metas inconcretas, mostrando la belleza de las aspiraciones humanas. Como el arte de vanguardia frente a la experimentación artesana utilitarista. Y en ese orden comparativo el último peldaño lo representan la tecnología de diseño y la decoración de paisajes o interiores. De todas formas, el verdadero científico, no el artesano de los desarrollos tecnológicos, sino el inventor, percibe una analogía, con su imaginación de artista, y da lugar a una hipótesis que tiene que constatar prácticamente en su laboratorio, aunque su método es inverso al del artista, uno va de abajo arriba y otro de arriba abajo. Como decía F. Jacob en una conferencia a la que asistí: "lo hermoso es lo real, lo real es hermoso". Y un artista convierte en belleza aquello que procede de dentro de él, al conectar con otra realidad.
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Pero no vayamos a creer en fantasmas, toda la filosofía tiene una base científica que desconoce hasta que se transforma en ciencia, y para entonces la especulación por medio del lenguaje y las imágenes suele estar ya en otra parte. Pensemos en ello como el comportamiento cuántico de una función onda o una corpuscular: si queremos saber donde está una partícula no podemos conocer su velocidad, y viceversa. Ya lo decía el pensador chino Kong-suen Long varios siglos antes de nuestra era: "La sombra de un pájaro que vuela no puede moverse" y "Sea cual sea la velocidad de una flecha, ya no puede moverse ni quedarse en su sitio".
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Y, por lo mismo, la ciencia vuelve a la filosofía, encontrando que en el fondo de su más avanzado trabajo no hay otra cosa que especulación, llevada por un método empirista inductivo o reflexivo para deducir teorías, una y otra se chupan en un sesenta y nueve.
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El hombre es un ser multidimensional y reflexivo. Lo primero sería común a todos los seres vivos, aunque en cada uno se desarrolle de manera distinta. Lo segundo es lo que le da esa capacidad que posee para re-conocerse y a través de ello, modificar su camino en la vida. Cuando nace, es tan vulnerable que precisa absolutamente de la relación simbiótica con la madre hasta "darse cuenta" de que es otra persona, proceso en el que se construye como sujeto. Reconoce los objetos de su entorno, o sea que los "comprende" en sus tres dimensiones espaciales (longitud, superficie, volumen), y los va introduciendo en un desarrollo temporal con otras tres (vida, colectividad y humanidad) que los dota de causalidad, o sentido. Pero eso no sería posible sin esa auténtica dimensión relacional que es la información, la incorporación de los datos a su cerebro en crecimiento y que van modificando todos y cada uno de los elementos de su experiencia transacional, para poder integrarse en el medio donde habita. Su ventaja es la flexibilidad con que puede tratar una información que en los otros animales condiciona su vida desde dentro, pero que el humano por la reflexividad mental puede seleccionar mejor de entre el ruido y modificar los resultados. Y, por supuesto, tiene aún ocultas otras muchas dimensiones.
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Su gran problema es que, desde que bajó de los árboles y se puso a vagar por la sabana, ha ido modificando, poco a poco al principio
y a toda velocidad en los dos últimos siglos, el entorno vital sin llegar a adaptarse completamente a él, salvo algunas culturas insulares y quizás la oriental más pura. Pero como hoy todas han sido invadidas por la ambiciosa civilización europea postsemítica, con lo que ese esfuerzo adaptativo está generalizado a la especie humana, nos encontramos en el punto sin retorno de dar el salto definitivo hacia adelante. Se trata de integrarnos con genes biológicos y culturales en la Tierra que nos acoge o fracasar como especie, degenerando en la violencia destructiva que supone la inadaptación e incomprensión del resto del mundo físico, o superar esta fase edípica de la Humanidad, y en una maduración genérica construir un Sistema Planetario eficaz para la vida de los otros seres y de nosotros mismos, como se daban en la Amazonia antes de las barbaridades occidentales o en la Polinesia de hace tres o cuatro siglos, sólo que con mas medios y conciencia del camino.
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Si llegamos a los niveles más íntimos de la neurofisiología del cerebro y sus respuestas inteligentes emocionales para enfrentarse a las situaciones que se le van planteando desde que nace, podríamos entender tanto la agresividad como la afectividad como una respuesta básica común, aunque de diferente sentido a los estímulos externos y las demandas internas: una búsqueda activa en medio del caos de lo desconocido. Dependiendo de las respuestas recibidas a tales necesidades que vienen determinadas cíclicamente por los ritmos orgánicos en forma de alimento y cuidados para sobrevivir, en la etapa más primaria de la vida humana, el individuo irá eligiendo comportamientos de respuesta violenta (agresividad-negativa), que lleva a la competitividad, o afectiva (asertividad-positiva), que lleva a la cooperatividad, hacia el objeto que motiva tal relación. La iteración y el aprendizaje van complicando las respuestas dentro de un clima lleno de estímulos (la falta de ellos, por ejemplo en los niños de hospicio, es entendida como negativa, lo que les lleva a la violencia o a la idiotez), y organizando su carácter y su personalidad que son el desarrollo de las posibilidades genéticas múltiples en una dirección determinada por el aprendizaje cultural. La clave, pues, de la violencia desproporcionada de nuestra época es sencillamente una falta de adaptación educativa al entorno construido burdamente al transformar el medio natural en civilizaciones humanas.
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Sublimar es construir un espacio de fase psíquico (o campo mental) en que la suma de impulsos primarios cambia el sentido de sus vectores. Cerrando el conjunto tras una membrana de contención por educación condicionada de la represión de tales impulsos instintivos, se emplea su energía para un objetivo distinto del original, casi siempre considerado "superior" por la cultura. El adiestramiento sistemático de la energía metabolizada y que en los animales se dedica a la búsqueda de alimentos y en la reproducción sexual, para unas tareas que sean económicamente más rentables a la sociedad humana; es lo que ha dado ocasión de llegar a la sutileza increíble del amor romántico, del odio racial, del arte, la ciencia, la filosofía, etc. y todas sus formas prácticas: la ayuda mutua y las guerras, los templos y la poesía, la medicina o el viaje a las estrellas; y también la tortura, el sadomasoquismo y el fanatismo.
La diferencia entre sublimación y represión es similar a la existente entre ética y estética. Y es que, aún partiendo del mismo punto, van a parar a dos resultados divergentes.
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El psicoanalista es un heredero laico del chamanismo, tanto como un sacerdote o rabino. Es poseedor de las claves de los Mitos de nuestra cultura y desarrolla un ritual muy artesanal que incluye desde la visita privada, al pago sacrificial por convocar a los muertos. Tiene que desenredar el hilo de Ariadna o resolver el Edipo de su paciente al que vincula transferencialmente a sí mismo, enseñándole a desembarazarse de los malos espíritus que le acogotan. Como la confesión cristiana, especialmente la oral y secreta católica, ayuda a descargar la horrible sensación de culpa y miedo que arrastra el pecador tras las amenazas de castigo. La profundización hacia dentro del alma o de la mente se hace pronunciando palabras-clave (sagradas para el paciente que es quien debe decirlas) con las que se abre el cofre del tesoro sexual vigilado por monstruosos conflictos y sufrimientos. Sin embargo, siempre me ha resultado curioso ver los "tics" de algunos psicoanalistas, sus manías, sumisiones y soberbias, porque son como los "pecadillos" de los curas, o ese sobeteo durante la confesión. Y también, el empeño que tienen en convertir la curación en relación comercial por horas, como en la prostitución; que debe ser herencia del concepto de pecado: Freud era judío y burgués, y de él decía F. Baudet que el nacimiento del psicoanálisis estaba ligado a la marginación de la clase propietaria de bienes raíces vienesa en decadencia, que con él limpiaba su estercolero psíquico. Bueno, ¿es una hipótesis ¿no?.
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El YO (SELF) es un territorio (campo) construido a partir de un reconocimiento del exterior por medio de las percepciones. A través de la madre que nos ayuda a dar el primer paso haciéndose presente, y dándonos o negándonos su ternura. Antes de eso, e incluso sin eso, no existe el Hombre, hay un animal sin lenguaje y sin afectos, que, a pesar de sus capacidades innatas, no desarrollará sus posibilidades sin ayuda del exterior. Después le incorporaremos al antagonista que es el padre, autor de las órdenes en esta sociedad que vivimos; para hacer la primera muralla de la estructura yoica al obligarnos a renunciar al placer más básico que es consolador. Estos dos personajes suponen la parte individual de nosotros mismos; en ellos encontramos los papeles que nos gustaría representar, lo blando y lo duro; pero no estaríamos completos con ellos dos tan solo, porque somos seres sociales. Quiere decir eso que hay que incluirnos en un sistema, que no comprenderíamos si no fuese por la estructuración social a que se nos somete en la llamada fase edipiana o genital, a través de la que comprendemos el estado de las cosas en el mundo, la renuncia a los apetitos propios del narcisismo individual para formar parte de un complejo social. Se nos enseña el lenguaje, sin el cual, un humano no se constituye en Hombre. Entonces empezamos a ser uno más de la multitud, y a sentir como tal. Especialmente en las culturas de lo colectivo en que un YO confluyente asume el ejercer de SuperYO o Ley "natural" y que somete a juicio público cada acontecimiento de la vida personal para controlar los límites de los Yoes individuales y la imposibilidad de un exceso.
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Un Yo colectivo es como un territorio enorme donde anidan los Yoes individuales a través de un conjunto homogéneo que mantiene su Unidad: una noosfera (Bergson) o espacio de conocimientos. Cada uno puede salir, como las gaviotas salen de su área de anidamiento para pescar o volar, pero ineludiblemente regresan a poner los huevos e incubarlos, a copular o pelear con otros individuos en el área común, en donde tienen que respetar la Ley escrita en sus genes sin posibilidad de individualizarse. Una religión o cualquier otro sistema de ideas es igual a ese campo que denomino Yo colectivo, con la diferencia de que los humanos pueden a veces emanciparse gracias a su capacidad de raciocinio. Siempre que ésta se pueda poner en marcha en el sentido adecuado, porque el adiestramiento condicionado de la primera infancia suele marcar tan eficazmente las fronteras, que el Yo individual no puede ni siquiera plantearse la violación de ese borde imaginario que es su lugar en la estructura social. Y ahí permanece sufriendo o gozando hasta que muere, sin que en ningún lugar destaque su presencia: es el adiestramiento fanático que percibimos en los nacionalismos xenófobos y las religiones sectarias. Impidiendo que uno cualquiera piense por sí mismo algo distinto a lo marcado a fuego y al mismo tiempo esté convencido en la estrechez de su razonamiento de que por llevar esa idea, la que sea, hasta las últimas consecuencias en relación con su vida o la de otros, le proporcionará un premio maravilloso en este mundo o tras su muerte, es como se fabrican los héroes y los mártires. Los primeros tienen esperanza de recibir tras su hazaña la medalla que les honre, los segundos nunca, pero sueñan otro mundo que les ha sido imbuido y donde está su premio.
Pero para comprender la manera en que existe y actúa un yo colectivo, no podemos hacerlo con perspectiva entomológica, estudiando sus partes individualizadas, de la misma manera que no se entiende el funcionamiento de la Mente basándose exclusivamente en la estructura y relaciones particulares de las neuronas: no es la idea o el concepto el nivel a estudiar, sino el panorama relacional. Porque hay un nivel cuántico diferente, que emerge del conjunto tomado como tal y que establece sus propiedades en tal estado, pero no se descubre antes. Y no se busque en ese nivel de Colectividad mayor conciencia que la existente en un ser humano individual, que no es consciente tampoco de su proceso de pensar o actuar, sino del resultado práctico de tal hecho; uno sólo puede afirmar algo después de concluir su razonamiento, o prejuicio que es una rutina de computación, pues el sistema lineal utilizado para pensar lógicamente lo condiciona así por medio del lenguaje, en bloques lógicos formales que van de uno a otro sin reflexión.
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Por eso, cuando asisto a un acto religioso o político, de cualquier signo, observo como se han trazado los lazos de vinculación de sus fieles, y si la estructura es rígida, lo que se manifiesta en el grado de entrega preconsciente, en la asunción del carisma del líder y en el seguimiento sincrónico de las emociones o impulsos que caracterizan a los animales gregarios; entiendo que se ha formado una estructura yoica colectiva, capaz de responder al unísono en formación o desbandada, según sea por ataque o huida, como se da en un estadio de fútbol al aplaudir o escapar de un desastre: cada individuo es incapaz de salir de la dinámica global y se ve arrastrado en la onda del conjunto, polarizado por las mismas emociones al anularse momentáneamente sus dimensiones particulares y perder resistencia al orden colectivo. Pienso que se debe, teniendo en cuenta la ductilidad humana, que es consecuencia de su frágil nacer, a que se conforma una parte de su Yo ligada a ese Yo colectivo, aunque podría hacerse de otra forma, y de hecho las diferencias secundarias entre unas civilizaciones y otras así lo manifiestan; por lo que su sumisión al grupo en la etapa de la tercera urdimbre necesita utilizar el mecanismo de sumisión individual (la culpa) en el terreno social (la vergüenza) para disciplinarlo así al marco colectivo. Para eso se inventaron las morales o éticas, como vínculo conector de todos los individuos.
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viernes, abril 25, 2008
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No existen, a pesar de los intentos uniformadores del poder, dos hombres exactamente iguales, como no existen dos copos de nieve idénticos. La caída de la semilla (información genética mas la cultural) en tierra feraz produce un desarrollo que varía entre límites inestables y libres que no puede ser de ninguna manera lineales por la cantidad de elementos que alteran y tienden a estabilizar el crecimiento del individuo continuamente, entre los que juegan importante papel su propia capacidad para iniciar cambios de prueba, en el pensamiento y en la acción, lo que expande la cadena de alteraciones posibles y el resultado final. Para conseguirlo habría que hacer "clones" con el mismo código genético, como en Un mundo feliz de A.H. y luego educarles igual sin permitirlos ninguna iniciativa, como termitas.
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Todo lo que el hombre ha construido a través del pensamiento constituye un mundo real aunque no material que se conserva en las memorias naturales y artificiales (cerebros y bibliotecas), que sería inexistente o inútil si desapareciera el hombre (u otras máquinas inteligentes), pero que es lo que le hace distinguirse del resto de los seres. Pero como tal construcción no tiene más causa ni fin que sobrevivir como especie, al igual que los ritos de los patos les permiten aparearse en el momento adecuado y nadie les enseña su danza. Ese mundo ideal está en el Tiempo real pero en un espacio virtual, o bien en un espacio real (archivos) y en un tiempo virtual, del que sale al otro a través de nosotros. Pero una vez que está ahí, interacciona a través de las mentes que lo piensan, y se reconstruye y nutre de más ideas llegando a dar lugar de manera a veces imprevista a construcciones que están mucho más allá de la participación individual de su mentores: el arte o las civilizaciones son ejemplos cualitativos de su quehacer propio.
Del concepto a la estructura y de allí al sistema, donde las aportaciones múltiples generan una vida inmaterial pero real.
Y ahora que sabemos esto, ya va siendo hora de que empecemos a organizar consecuentemente la mejor manera de hacer sobrevivir a la especie humana y sus sistemas vitales con el menor coste posible para ella y para el resto del planeta en que habitamos. O nos desentendamos de todo y a vivir que son dos días... como los demás animales.
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Porque ese camino llevó del mito a la religión, de ésta a la filosofía, y a la ciencia; que se especializó a partir de la magia alquímica, y que de la medicina lleva a la biología, de ahí a la química para acabar en la física de partículas (aunque se que me he saltado algunos pasos intermedios) que nos muestra la inestabilidad de la propia materia de la que estamos hechos. En sucesivas circunstancias entre su surgimiento y su final se estabiliza temporalmente en estados de masa o energía; y en la primera de la que estamos compuestos estructuralmente, como sólido, líquido o gas (sin entrar en los inestables plasma y superfluido) precisa de distintas formas de energía para su funcionamiento, ya que procedemos de la forma vital de supervivencia que se inició al cerrarse una membrana osmótica que permitía asimilar iones del exterior y reproducir su sistema de existencia duplicando la información contenida y escindiéndose celularmente. El siguiente paso sería la reproducción sexual que dividía en dos partes la información, las cuales se unían en determinado momento dando lugar a otro ser sin por ello dejar de existir sus progenitores. Eso aumentó la variedad de posibilidades en juego y llevó los resultados a complejizarse en nuestro fantástico mundo.
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En el Hombre, el complejo principal de histocompatibilidad MHC, por ejemplo, que es la parte más variable del genoma y que se denomina HLA, contiene mas de 100 mil genes (el primer mapa se ha hecho con 5.264 microsatélites de situación) y ocupa una región cromosómica de 4 millones de pares de bases constituidas por 3.000 millones de nucleótidos, permite rastrear su linaje hasta su separación del resto de los homínidos y más. De los estudios efectuados se llega a que la EVA mitocondrial original podía ser una población de entre 500 y 10.000 individuos. Y un Adán mucho más amplio aún en número de individuos (ellas necesitarían varios machos, quizás, lo cual
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La naturaleza ha procurado (o mejor dicho, se lo han procurado cada especie y subgénero en lucha por sobrevivir) que cada ser supiera de donde ha de nutrirse - nicho ecológico- dotando de aquellos elementos distintivos que les permitan dirigirse adecuadamente al lugar de aprovisionamiento, lo que se habrá consolidado tras múltiples y azarosas pruebas durante miles o millones de años. Esos elementos distintivos se habrían convertido en formas impregnadas. Una forma impregnada sería aquello que distingue un animal de manera automática como amiga o enemiga para su supervivencia; está constituída por sonidos, aromas, tacto o visión, así como otras características energético-informativas detectables con sentidos, como el radar de los murciélagos, la emisión eléctro-magnética de los tiburones y rayas, la captación de ultra o infra ondas de los insectos o el sutil olfato de las serpientes y la capacidad orientativa por captación de los campos magnéticos terrestres en muchas especies. Y también las feromonas que atraen químicamente a inmensas distancias para la reproducción sexual, o aquello que permite detectar un peligro. Se trata de adaptar unas morfologías a otras para el mantenimiento de la vida (es curioso que la misma sustancia química que sirve como feromona a más de 126 especies de insectos, sea utilizada por las hembras del elefante asiático para indicar a los machos que están listas para la cópula). Esto, llamado también impregnancia biológica, escribe un código que se graba finalmente en los genes, aunque no está aún disponible para la siguiente generación, y produce una reacción química en los órganos que permiten dirigir a un ser hacia otro ser, uniéndolo de diversas formas (simbiótica, de algunos animales y plantas, o de la hembra humana y su bebé recién nacido; como cazador-presa, o también en el par sexual macho-hembra con objeto de la reproducción), o reconocer a un atacante para huir o enfrentarse, y por supuesto localizar a una presa por parte de un predador que se alimenta de ella. Mientras que la impregnancia se produce automáticamente a la salida del huevo en aves y reptiles; en la educación de los mamíferos especialmente, los progenitores o la manada que es el vínculo social, deben adiestrar en la distinción y constitución de tales impregnancias fundamentales, sin las que el cachorro no sabría distinguir su presa o su predador a veces, así como normas sociales de jerarquía y roles, fundamentales en la mayoría de los casos.
La impregnancia es un fenómeno capital que se constituye en la mente animal por exfoliación de un espacio-tiempo semántico propio de su especie, por lo que depende de su herencia genética en primer lugar y del adiestramiento juvenil después, al madurar el sistema de inteligencia propio, o sea de adaptación al medio en su nicho ecológico, que es eminentemente cultural en el caso humano: ha sido perfectamente explicado por Piaget en el caso del niño y por Lorenz en etología. Se trata de ir dominando lo circundante con los medios que la naturaleza ha dispuesto en el individuo para ello. La especie humana aún no ha encontrado su lugar, por eso destruye el entorno tratando de averiguar lo que ocurre, es un juego suicida que me recuerda a los cachorros de león incordiando a una cobra. Como dice René Thom, el hombre ha sido capaz de escapar a la fascinación de ciertas formas externas por medio del lenguaje, evita así la alienación del psiquismo propio del cazador hambriento en busca de presa, pero el mismo lenguaje actúa a veces como atenuador y otras como amplificador, lo que se percibe bien en el juego de asociaciones formales (como las manchas de los psicólogos) que provocan reacciones físico-químicas a través de contagios por contigüidad o similitud en el sujeto. Por eso el asco o el gusto que constituyen tabúes o totems culturales difieren tanto de unos sitios a otros: se trata de una asociación química en el cerebro.
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La principal forma de impregnancia del ser humano, a causa de su extrema dependencia al nacer para las más simples operaciones de supervivencia, es cultural, por eso necesitamos un período de aprendizaje de varios años, en que debemos ir buscando aquellas identificaciones a las que asimilar un comportamiento. Hay que crear un trasunto imaginario compuesto por formas especulares de sí mismo; pues se parte del reconocimiento del entorno desde el propio movimiento, con las que hay que rivalizar para conquistar el propio ser: uno mismo: el Yo o self. Y en el desarrollo de tal mundo el ser humano se va convirtiendo en un protagonista sufridor y triunfante que ama u odia las imágenes encarnadas por los otros; las cuales a veces son la suya propia y otras un cadáver exquisito del deseo dibujado en los aciagos días de la madre, aquel otro en que nos reconocimos por vez primera y que construyó para nosotros la entrada al laberinto de la vida: una angustiosa topografía rodeada de vacío, en la que los terrores o límites tienen los nombres de lo que el padre nos mostró como prohibido: el sexo, la unión simple con el objeto impregnante, al que tendremos que ir matando amorosamente a través de sus/nos imágenes especulares. A ello se añade la posesión del lenguaje, cuya capacidad parece ser innata (Chomsky), y que es un elemento de dominio de las formas impregnadas al permitir atenuar el poder alienante de éstas, cargando con sus rastros de memoria las respuestas posibles a una necesidad sentida; eso permitiría la descarga del poder acumulado por la misma en las excitadas terminaciones neuronales. Y, naturalmente, sirve para producir los condicionamientos de tipo cultural que se enseñan en la primera infancia y que se convertirán en prácticamente inamovibles sin remover tales bases (como lo demuestran los estudios hechos a personas a quienes se había "lavado el cerebro").
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En realidad lo que se produce en nuestros cerebros es pura química, y por lo que está habitado, que a nosotros nos parecen imágenes tan reales como la vida misma o sueños, son sólo las sombras de la caverna platónica o sea una reconstrucción imaginaria; en realidad se trata de conexiones quimioeléctricas o analógico-digitales, cuya más clara evidencia se muestra en las fantasías oníricas y en las alucinaciones, esas riquísimas experiencias de la imaginación más allá de la realidad, donde sin quererlo realizamos los deseos para envidia de nuestro propio Yo. Sombras producidas por la flecha electroquímica que atraviesa campos neuronales, abriendo y cerrando sinapsis para producir esos acoplamientos dialógicos entre haces hormonales, que unen regiones del cerebro (hipotalámicas, límbicas, corticales), mientras uno hace actuar al hipocampo (el MFB: Medial Forebrain Brundle) y el otro la amígdala (el PVS: PeriVentricular System). El MFB es el haz de la recompensa y reforzamiento: empuja a satisfacer o crea necesidades a partir de satisfacciones experimentadas antes, a base de introducir en el sistema unos mensajeros como la acetilcolina, el glutamato y la adrenalina (agresividad) que excitan el sistema nervioso superior; mientras el PVS incita a la huida y a la defensa e inhibe las acciones al no recibir su recompensa con el ácido gamma aminobutírico, produciendo las típicas sensaciones de angustia que desembocan al transformarse en imágenes y en comportamientos de pensamientos negros, mutismo, respiración bloqueada, pasividad, postura encorvada, tono muscular tenso y demás síntomas depresivos. Como en los hermanos animales, pero a lo bestia: ¿saben cuántos bits de información caben en un cerebro humano adulto?, la cifra increíble de 1017 (el contenido codificado de miles de millones de libros) y que goza de una velocidad de procesamiento de aproximadamente 10 billones de flops (operaciones con coma flotante por segundo), pero del que no somos capaces aún de usar más allá de una décima parte, según los datos y cálculos realizados con los sistemas más avanzados del mismo.
Algo que, en definitiva, es condicionado por las experiencias tempranas del bebé y el aprendizaje social a que la civilización, la clase social, el sexo cultural y todas las demás condiciones sociales en que vive llevarán a excitar o inhibir, y con ello recompensar o censurar cada comportamiento enseñado, así como a temer o buscar lo desconocido siguiendo las pautas del grupo. La educación infantil sería algo así como la instalación de los programas básicos para dar comienzo a la actividad de un ordenador capaz de pensar por sí mismo partiendo de esas pautas iniciales. No debería pues extrañar a nadie que tras la saturación de violencia o de sumisión aprendida desde la más corta infancia, un niño actúe con toda la naturalidad del mundo reproduciendo en su mundo esos comportamientos. Exigir responsabilidades por ello es una auténtica irresponsabilidad, si no se busca antes a sus maestros; es más , creo que es un crimen condenar a un niño por hacer uso de un libre albedrío condicionado (¡si!) cuando antes no hemos marcado los límites de los adultos en el indiscriminado uso de violencia como ética social para dirimir discrepancias por el poder. Cuanto menos un muchacho de 7 u 11 años que quiere algo y comprueba si así lo obtiene más fácilmente que en un modo que los hipócritas llamarían quizás racional. En esto, como en tantas otras cosas lo que se barajan son estrategias de poder enjuiciadas desde la moral del mismo poder para su propio beneficio. Lo otro son pamplinas.
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Enfrentado al mundo en el que debe sobrevivir, el hombre tiene como bagaje su herencia genética y su aprendizaje cultural, y tanto uno como otro han de aportarle las coordenadas por las que moverse, integrándose al hacerlo como todos los animales de la evolución, desde el fagocitador unicelular al bípedo constructor de herramientas y lenguajes, pasando por los peces, reptiles, aves y mamíferos que dejaron restos de sus cerebros en el interior del nuestro para que pudiéramos defendernos y aparearnos durante millones de años. Todo eso y sólo eso es lo que funciona en el complejísimo cerebro evolucionado humano y subyace tras las palabras y los impulsos inconscientes; mientras que los mitos y los ritos son una leve capa de recuerdos culturales que precisa engarzarse fuertemente a los instintos para producir respuestas condicionadas que emergen con el lenguaje simbólico, al ser trenzadas en las urdimbres de nuestra infancia (Rof). Y los prejuicios son los cristales enquistados con que tropieza el juego de asociaciones mentales y que le impiden libertad de movimientos.
La gran ventaja (y a veces lo contrario) de nuestro procesador de datos mental es que está plagado de terminales sensibles aportando inputs continuamente, incluso durante el sueño, y no se para nunca de funcionar hasta la muerte, pudiendo trabajar en múltiples tareas de manera inconsciente: yo, al menos, siento un gran placer cuando me asalta de pronto una idea, sobre un asunto que me preocupa pero que no atendía en ese instante, como un destello de lucidez, a veces en medio de la noche, o haciendo el amor, o ... ¿no les ha pasado nunca? ¿nunca han sentido esa impresión maravillosa y han gritado ¡Eureka! ?. Seguro que saben de lo que hablo cuando digo que nuestra máquina de pensar no para jamás y se alimenta de todo lo que recibe aunque no apreciemos hasta qué punto un pequeño detalle es muchas veces capital para destapar la respuesta oculta. *
En una física de superconductores aplicada a la psicología de masas y a la sociología, lo cual creo que es posible adaptar con cuidado, esos prejuicios grabados en la mente en nuestra tierna infancia, serían las impurezas introducidas en el sistema para permitir que se reconstruyan ocasionalmente los vórtices por los que corren sin resistencia la voz del líder o el pánico cegador que arrastran a la multitud, emocionalmente dispuesta a cometer cualquier acto irracional, sin pensar ni depender de sus sentimientos humanos. Una mecánica tan simple como el mecanismo de un chupete.
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El Espacio-Tiempo de cada civilización difiere de las otras, en tanto ha precisado de condiciones distintas para construirse y ha ido siendo elaborado por generaciones de humanos en interrelación con su medio, en lucha contra sí mismos y sus enemigos externos para sobrevivir, cercado por el miedo y el hambre, la fantasía y el amor. Hombres-Mujeres distintos que ofrecían soluciones y fracasaban o triunfaban recibiendo el impulso o la marginación de sus coetáneos o de los interpretes de su trabajo. Eso acababa en construcción social si lo que ofrecían se adaptaba mejor a sus necesidades y era capaz de superar las luchas de intereses y la mentalidad del momento histórico (o prehistórico), o quedaba marginado para mejor ocasión cuando la presión social no admitía el experimento. Eso dio lugar a que se constituyesen auténticas áreas semánticas, circunvaladas por los límites establecidos en los mitos y entretejidas por toda la urdimbre de ritos, estrategias de poder y estructuras propias. Una geografía política que tradicionalmente se ligaba al territorio (naciones-estado), o su búsqueda secular (judíos), pero que a veces ni siquiera precisaba de ese (gitanos o egipcianos como la faraona) aglutinante del espíritu de un pueblo.
A los viejos tiempos de la ignorancia y el desasosiego correspondió inventar las religiones, a los de la búsqueda de estabilidad global tendrá que ofrecerse algo más científico que una esperanza para después de
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Hace unos 5.000 años, los chinos inventaron
Pero es con la instauración del sistema jerárquico-patriarcal cuando la ritualización social se esclerotiza en un sistema de cinco relaciones de obligado cumplimiento en cuanto a deberes y derechos mutuos que no deben ser alterados para que la sociedad funcione perfectamente, en los cielos y la tierra; de ello se encargan el Emperador y sus funcionarios militares y civiles. Esto ocurría ya mas de dos mil años antes de nuestra cronología y aún hoy está grabado a sangre y fuego en sus costumbres: el padre y el hijo, el esposo y la(s) esposa(s), el rango entre hermanos, entre señor y vasallo o criado y las obligaciones entre amigos, responden a un sistema completamente regulado que conduce a ese carácter que a los occidentales nos parece tan incomprensible y sumiso. Resultan ser así conservadores y burocráticos en lo social, y gustan de la delicada reiteración en sus formas artísticas, porque en su mente se ha instalado un ritmo circular y cerrado construido al tiempo que las ideas que configuran sus ideogramas, cuyo dibujo y matices se ha enseñado durante varios milenios a cada niño durante dos años antes de explicarle su significado (unos 2.000 signos para empezar) y prestando más atención a su estilo formal y sin instruirle en el cálculo; lo que unido a la ritualización de la vida cotidiana y la sumisión a los mayores ha venido a producir un orden que poco tiene que ver con el nuestro: Bertrand Russell decía que resultaba imposible hacer comprender a un chino la noción de pecado, y a un occidental le parecen inauditos fenómenos como Kamikaze o Harakiri de Japón, que exageran los conceptos de honor y vergüenza hasta lo insoportable. Pero es así, porque pertenece a unas formas civilizatorias en que "no está permitido cambiar el orden establecido por el Cielo, interrumpir el curso natural de las operaciones de la Tierra, ni confundir las reglas que deben dirigir la conducta y los trabajos de los hombres. Pues, ...si el Emperador hiciera observar los reglamentos propios del verano en el primer mes de la primavera, la lluvia no caería a su debido tiempo, las plantas languidecerían en seguida y los principados tendrían motivos para temer." Ya que "Al orden regular de las estaciones corresponde el comportamiento normal de los animales y de los hombres. Si en un punto cualquiera del circuito universal aparece un desorden, inmediatamente se encuentra amenazado el equilibrio del mundo." (N. Vandier-N). Su lenguaje es monosilábico, lo que precisa de esa entonación musical que matiza la expresión y que, unido al tipo de escritura usado, dificulta, como decía Max Weber, la definición sistemática y el razonamiento lógico del logos. Se trata pues de una educación estética y ritualizada, que establece un orden social y mental que, siendo además tan fuertemente patriarcal como la occidental pero mucho más conservadora, discrimina aún gravemente a las mujeres y sobre todo a las niñas (eso lo podemos ver incluso en la "socialista" China, donde las habitaciones de la muerte exponen el orden de los burócratas); pero que en todo caso se trata de someter disciplinariamente frente al poder haciendo de la vergüenza pública su herramienta principal de castigo para quienes se salgan de lo que se considera conveniente en
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La mentalidad occidental tuvo su génesis en Mesopotamia: Zaratustra fué el inventor de la primera moral (Nietzsche), donde los orígenes del Bien y del Mal habrían partido de la incomprensión humana acerca de las fuerzas terribles de la Naturaleza, capaces de proporcionar agua, sol, tierra y fuego llenos de bendiciones para los hombres, pero también plagados de peligros como el diluvio, la sequía, los movimientos telúricos, el rayo, la fuerza del viento arrasador y los incendios, etc., que los seres superiores que encarnan las deidades manifestarían como premios o castigos a los hombres que los adoran o niegan. El dios Ahura-Mazda, que "reveló" a Zaratustra sus seis principios morales en la misma época que vivieron Sócrates, Buda o LaoTsé, era el principio del Bien en lucha contra Ahriman, principio del Mal, tiene mucho parecido no obstante con la mitología india de los Upanisad arios. Allí se construyó la primera represa de aguas para la agricultura y se hicieron las primeras ciudades-mercado-fortaleza, donde los magos y sacerdotes conceptualizaron la idea de qué era bueno o malo, y en base a ello constituyeron unas hierocracias a la sombra del poder militar-político, tanto en activo como en oposición, y se crearon los primeros códigos de conducta y legislación, de esa forma se hicieron imprescindibles y pudieron vivir ya siempre a costa de los demás hombres. Y cuando las monarquías asiria y babilonia levantaron sus imperios unificando territorios, los dioses Marduk y Assur se alzaron sobre los millares de dioses restantes y organizaron la vida con una idea de la justicia que refleja el Código de Hammurabi. También allí se inventó (para llevar las cuentas del grano) una escritura que, a diferencia de la oriental, evolucionó del pictorialismo inicial de los jeroglíficos hacia formas más abstractas y conceptuales, hasta llegar a los alfabetos que sirven más tarde para hacer palabras combinando sonidos escritos como letras, los cuales permitieron ya pensar de manera más abierta y fluida, produciendo razonamientos.
El pensamiento generado, no sólo aquí sino en el valle del Ganges del subcontinente indio, es vectorializado hacia el exterior, especulativo, transgresor e innovador constante, oculta un miedo intenso a la violación de los límites que podría ocurrir si no triunfan los jóvenes sobre la generación anterior ocasionándolos el castigo de los ancestros o dioses. Así se construye el concepto de aventura y el de pecado, que incluyen siempre a un oscuro vigilante interior sometiéndole a la culpa y a la vez impulsándole a seguir adelante. Los hebreos (hapiru o prw) convirtieron esto en la forma religiosa con más éxito de
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Nuestra cultura occidental cristiano-europea, y su extensión americana, se ha impuesto al resto sin paliativos, no por ser mejor sino por su agresividad destructora de lo distinto, a veces integrándolo transformando la diversidad en variante de efecto nulo, como está ocurriendo con todas las que acuden al crisol estadounidense y son filtradas por el triturador sistema de consumo. El calendario que comienza con Cristo, el alcohol como droga desconsagrada para huir del presente; la ruptura de los límites como forma de buscarse a uno mismo en medio de la nada depresiva; la violencia, privilegiada sobre los afectos como relación personal, que se manifiesta en el espíritu competitivo frente al cooperativo, y en la destrucción como apropiación del mundo. Desde luego, ya va siendo hora de parar la máquina, antes de que no quede cultura alguna sobre
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El mito americano del Triunfo tras una dura competencia, es un absurdo que pretende elevar la excepción a regla, para estimular el combate por tener éxito. Conduce a la infelicidad de todos: primero los fracasados, que son el 99 % o más, y poco después la de los mismos triunfadores, que o se mantienen en una tensión infinita de fuga hacia adelante para seguir ganando, o creen haber fracasado cada vez que no tienen lo que se hubieron planteado ya como meta. Es la política darwinista social que no tiene que ver con el héroe griego más que de lejos, ya que éste se planteaba siempre las cosas desde un punto de vista ético, o sea de relación con los hombres, sea llevándoles el fuego, a costa del castigo divino de Prometeo o ayudando a sus amigos como Aquiles, aunque la muerte les esperase como destino anunciado. Y está bastante claro, a estas alturas, que no hay mayor éxito social que sobrevivir en el nivel intermedio de la escala a base de colaborar, y hasta simbiotizarse en ciertos casos con otros organismos con los que se actúa ecológicamente.
¿O no son las clases medias las herederas de las ventajas iniciadas por las elites y sufridas duramente por los miserables?.
Además, toda la vida se desarrolla mejor en los umbrales de la zona templada que en el frío o el calor extremos (es cuestión de termodinámica): son la masa global que, hasta que no llega a un nivel crítico, es el 99 % de lo que hay.
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La sociedad fetichista en que vivimos ha confundido los valores que llevan a la felicidad o nos alejan de ella, - entendiendo como tal un conjunto de sensaciones placenteras que podemos sentir como durables-, al mercantilizar todos los estados humanos desde el nacimiento a la muerte, de modo que el orden anal se impone a la generosa oralidad y, por cuenta de una culpa introyectada que todo lo cuantifica para cubrir su ansiedad, se sustituye el castigo por trabajo y así se acumula aquello que proporciona un sustituto del placer, consumir, comprar, gastar, pasar por experiencias inútiles, pelear sin otro objeto que seguir ahí, penando en el valle de lágrimas con la nostalgia del paraíso, donde todo era gratis y eterno. Porque al animal, nuestro padre ancestral, le traía sin cuidado la inmortalidad, ya que era presa o cazador, pero no tenía tiempo entre comida y comida para soñarse dios. La teoría del valor que sirvió para definir al capitalismo se ha devorado a sí misma.
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- EL METRONAUTA
- Madrid, Madrid, Spain
- Soy fotógrafo de prensa en MADRID y además me gusta escribir. Tengo ya 60 años. Y opino que si no hubiera ni religiones con dioses ni ideologías totalitarias el mundo iría mucho mejor. No creo en la propiedad porque entré sin nada y así me iré de este mundo. Pero sonrío siempre que puedo a la gente (lo que produce efectos de todo tipo: unos se mosquean y otros me la devuelven). El cambio revolucionario lo están produciendo las mujeres al incorporarse a los usos del poder, así que espero que la sociedad vaya mejorando sin violencia y que el mundo detenga la locura de las guerras y los fanatismos para que algún día nuestros nietos vivan mejor. Mi otro Blog ¿POR QUÉ? es aún más descarado.