¿Por qué todos los fundamentalistas de una religión o una raza, una nación o una ilusión de aquí o acullá se empeñan aún, con todas las demostraciones que la ciencia y el pensamiento racional han facilitado ya para comprender que este mundo no tiene quien lo proteja como no seamos nosotros mismos y sí quien lo destruya, también nosotros mismos cuando seguimos comprotamientos tan egoístas o tan entregados, e irracionales ambos, como los que siguen los abducidos desde niños por religiones y pensamientos únicos, en gobernar a los seres humanos con leyes pretendidamente divinas o utopías?. Ahí están los ayatolás iraníes y los talibanes afganos, los obispos papistas y los predicadores evangelistas, los ortodoxos judíos y todos los demás imbéciles del mundo, desde los etarras a los pragmáticos populistas neoliberales diciendonos lo que tenemos que hacer para salvarnos de una muerte segura en otra vida increíble, pero haciéndonos imposible la misma vida real aquí y ahora o como su método es el único posible. Los fanáticos de la pistola, la porra y la bomba (esos cabrones a veces disfrazados de policías y otras de terroristas paramilitares como los que acaban de asesinar en Euskadi) quieren que no digamos o hagamos lo que pensamos o queremos, pero no lo van a conseguir. Ni tampoco los superricos que nos echan a los pobres la culpa de lo mal que ellos lo han hecho, mientras se rodean de guardaespaldas y lujos. Tenemos que ser absolutamente intransigentes (como dice el filósofo Zizek) con la imbecilidad protagonizada por los inmovilistas y no callar nunca, ni bajo del agua ni bajo el fuego, porque a nosotros nos queda la razón y la vida y a ellos sólo una gililipollez enquistada en sus mentes a la que llaman creencias o fe en un paraíso irreal en la tierra o el cielo. Y aplicar la justicia sin dejarlos escapar.
¿Energía solar? Sí, gracias
Hace 1 hora.
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