jueves, abril 03, 2008

Empiezo a publicar en este BLOG uno de los ensayos que escribí a finales del siglo pasado y que las editoriales rechazaron. Son 69 Reflexiones acerca de los cambios operados en nuestra sociedad que marcan una nueva era (no de Acuario, por favor, sino histórico-científica) en la que se ponen a prueba las cosas que pensábamos con la nueva realidad del mundo globalizándose y mezclándose, con lo que tenemos en común unos con otros y lo que nos diferencia que es sobre todo nuestra cultura.

69 R.A.P. (Reflexiones Aforísticas Postmortem) de JAÍN DE UR.

"¿Por qué di en agregar a la infinita

serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana

madeja que en lo eterno se devana,

di otra causa, otro efecto y otra cuita?"

(J.L. Borges: El Golem)

"Un santo, Lactancio, negaba la redondez de la Tierra; otro santo, Agustín, admitía la redondez de la Tierra, pero negaba a existencia de los antípodas. Sagrado es el Santo Oficio de nuestros días que admite la pequeñez de la Tierra, pero le niega el movimiento: empero, más sagrada de todas estas cosas es para mí la verdad, cuando yo, con todo el debido respeto por los doctores de la Iglesia, demuestro, partiendo de la filosofía, que la Tierra es redonda, y habitada por antípodas en toda superficie; que es de una pequeñez insignificante y corre veloz entre los demás astros" (J. Kepler, Astronomía Nova). "Ahora bien, que nadie crea que al asentir con esta mi liberalidad a Galileo, deseo impedir a otros la libertad de discrepar de él. Lo he alabado con sano juicio, y por mas que haya emprendido aquí la defensa de algunas creencias propias, lo he hecho convencido de su verdad e intención seria, si bien prometo rechazarlas solemnemente tan pronto como alguien más sabio que yo me demuestre el error con un procedimiento legítimo" (J. Kepler, Conversación con el mensajero sideral).

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He leído que los límites de nuestro espacio-tiempo están separados por 60 órdenes de magnitud: A una escala de 1028cm. (un 1 con 28 ceros) como radio observable de nuestro universo viene a ser tan plano como en la longitud de Planck, 10-33 (un cero coma 33 ceros antes del 1): las líneas paralelas no se encuentran. También que, cuando vemos como un punto un supercúmulo de galaxias de 100 megapársecs de diámetro -un pársec es una distancia de 3,26 años-luz y un año-luz viene a equivaler a unas 63.000 veces la distancia de la Tierra al Sol, y el centro de la Vía Láctea está a unos 10.000 pársecs-, y un leptón -que es una de las subpartículas que conforman los átomos y que mide una centésima de fermi: el fermi es una medida de longitud equivalente a 10-13cm. o sea una diezmilésima de mil millonésima de cm.- están separados por 41 potencias de 10, y entonces encajan sus estructuras. Es decir, que mirando por un supertelescopio orbital como el Hubble y a través de un detector de partículas subatómicas como el del CERN, en ambos casos un punto es un punto es un punto (aparentemente). Y entonces, teniendo en cuenta que en realidad la Materia es una forma de energía compactada a causa de la curvatura del Espacio-Tiempo y que se produjo en menos de 1 segundo tras el Gran Desparrame, me tengo que preguntar: ¿Y yo, qué soy, desde ambas perspectivas?.

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En realidad, se quien soy y qué parte de mí representa al conjunto. También se que la muerte me sumará físicamente allí; pero no se hasta qué punto mi propia individualidad puede conquistar un hueco en la fosa común y seguir siendo parte de mí. Lo malo es que no lo sabré hasta que sea demasiado tarde, cuando quizá ya ni siquiera sepa que lo se. Tal vez por eso, lo que me da más fuerza para resistir en esta vida cuando me siento deprimido, es pensar, hasta el punto en que se puede ser consciente de algo así, que después de esta vida no me espera otra, ni eterna ni por reencarnación; lo cual me hace sospechar que más vale esto que nada. Claro que me agradaría encontrarme con una sorpresa el día de mi muerte al otro lado del túnel y formar parte de alguna clase de conciencia universal, aunque perdiese el Yo construido en la interacción de mi cuerpo creciendo y lo que iba aprendiendo mi mente, pero seguramente ya no sería Yo, sino alguna clase de sustancia inmaterial en el frondoso espacio de lo incomprensible. Porque del más allá no se regresa. (o, a lo peor, se me ha olvidado y antes estaba en otro cuerpo...)

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Lo cierto es que sigo siendo agnóstico, y profundamente escéptico. Creo sinceramente que los argumentos ontológicos sobre un dios personalizado y exterior son falacias producidas por el miedo a la oscuridad que, y eso es lo grave, sirven para construir burocracias eclesiales que destruyen cualquier idea misma de un ser absoluto. Porque no puede haber existencia fuera de la existencia; y si Dios fuera un ser absoluto y extraño en todas las potencias que se le atribuyen, no necesitaría dar lugar a creación alguna, pues su enorme magnificencia ni precisaría ni dejaría de hacerlo, de ello; y atribuirle el humano sentimiento de querer verse reflejado, adorado, obedecido sumisamente por seres inferiores a él, es un sin sentido tan absurdo como grotesco (¡qué no me vengan con que el hombre no puede entender la magnitud de Dios, porque sí fuera así no se lo habría inventado!): sólo ocurre que se confunde el miedo a la muerte con el deseo de eternidad, y a eso que nos ocurre a todos los humanos, dado el carácter cerrado del concepto pero lo abierto de la facultad de razonar, lo quisimos llamar dioses mientras se nos ocurría otra cosa mejor. Lo jodido es que haya durado tanto y servido para los viles fines de tan pocos. No hay pues mas Dios que lo que existe, que no debemos confundir con lo que perciben nuestros sentidos acostumbrados a seleccionar sólo parte de lo que hay. De tal modo que todos somos Dios y nada lo es. Y si algo queda de cada ser que haya existido, existe o exista alguna vez, su maravillosa síntesis inteligente que hace a la energía convertirse en materia, que hace crecer a un cristal, que permite desarrollar una forma de vida distinta en cada nicho, adaptando lo contingente en interacción para responder de billones de maneras a ningún otro propósito que estar ahí, eso será al final del Todo, que es como decir al principio pues el Tiempo y el Espacio son meras propiedades, lo más aproximado a Dios: ni más ni menos. Pero, eso sí, por vergüenza torera al menos deberíamos tener la dignidad y responsabilidad que otorgamos a los dioses cada uno de nosotros y proteger y amar lo que queda a nuestro alcance. Ese tendría que ser el modo de alabar a cualquier hipotético dios y no con los sectarismos parroquiales de ninguna religión organizada. Es más, yo les diría a todos esos patéticos clérigos que parlotean acerca de lo divino y lo humano, lo que ese filósofo de nuestro siglo, W.: más valdría que callaran porque de ese tema nada saben.

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Primero la madre, después la familia (o sea el padre, que significa el pasado, y los hermanos, que son el mundo), más tarde la escuela (el padre social, que ahora también es la TV), el grupo de amigos y relaciones sociales (los nuevos hermanos) en la adolescencia y la juventud, el/la compañero/a sexual (otra vez la madre perdida-buscada, quizás encontrada) van creando la trama de relaciones que conforman al personaje (en su entorno, de fuera a dentro) que nos habita: capas de cebolla superestructural que tienen que responder ante diferentes acontecimientos de nuestra vida. Y que, a veces, resuelven su papel con pureza; y otras se mezclan y luchan unas contra otras en busca de respuestas. Si uno consigue armonizar los comportamientos es posible que viva en paz, pero lo normal es que se interfieran continuamente unos a otros y nos hagan sufrir.

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Una mujer es un hombre (no un varón) a quien se ha mutilado de manera extra en su infancia para hacerla depender toda la vida de su padre. Para ello hay que hacerla saber desde muy pequeña que no será nada si no acepta su condición y que eso implica la función de madre y la imposibilidad de emanciparse de su nicho social.

Un hombre (no un varón) es un animal que pretende ser dios (eterno) y a quien la casualidad de su bipedismo, y las consecuencias que eso trajo en su mano y en su cabeza, ha permitido liberar su terror de ser presa nombrando a sus enemigos naturales; lo que llevó a poder relacionar el sueño y la vigilia a través del conocimiento, y éste le dio un poder efímero que no se resignaba a perder con la muerte; por eso inventó los mitos y se los hizo tragar a sus descendientes para que le hiciesen vivir por los siglos de los siglos.

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El Amor es una forma de relacionarse con nuestros semejantes que partiendo de la sensación de placer que produce la disipación o entrega de nuestras energías, busca llegar a establecer un vínculo permanente con que perfeccionar nuestra propia humanidad. He dicho con nuestros semejantes, aunque se puede amar la tierra, las cosas, las ideas y fantasías, dotándolas de características humanas, tomándolas como madre, hermanas o hijas(-os), o haciendo de ellas el sueño con el que unirnos para siempre: nuestro enamorado místico que puede ser dios o el arte, o la aventura o la ciencia. AMAR es fluir generosamente de dentro a fuera sin pensar en obtener nada a cambio. Y ODIAR es lo mismo pero con la intención de hacer daño; no es su contrario, sino la otra cara del amor: en lugar de regalar afectos se reparten desafectos, pero sin buscar retorno alguno, generosamente. El amor tiene que ser libre, confiado y tolerante, no puede ejercer presión ni desesperar ni medrar en los defectos porque su altruismo fundacional le da la fuerza para vivir de sí; mientras que el odio es una fuerza de signo contrario que sólo encuentra satisfacción en la aniquilación del objeto del desafecto, al que querría hacer tanto daño como fuera posible, como si se le hubiese invertido el polo de atracción a un campo magnético. Eso es lo que me lleva a calificar a ambos como opuestos de una misma fuerza relacional que por su nivel de consciencia únicamente creo posible entre los seres reflexivos y, como consecuencia de ello, yo califico al AMOR-ODIO como la dimensión puramente humana en la que tendríamos que fijar nuestra atención a la hora de ordenar el equilibrio de la Humanidad. Ambas se han desarrollado a partir del miedo, de la necesidad de protección de la criatura por parte de la madre que lo parió y la angustia que siente cuando ella no está cerca, esa es la cuerda que ata lo animal y lo humano. Ese carácter dual es lo que por otro lado confirma curiosamente la vieja idea cristiana del perdón que se parecería en cierta medida al No-hacer oriental: el odio no se puede combatir con odio, porque su signo es igual e incrementa el potencial de dolor, sólo el amor lo aplaca y produce un estado de polarización positivo el cual, sin embargo, no tenemos necesidad de neutralizar ya que no resulta dañino para la naturaleza. Pero hay que verlo estrictamente como relación de fluencia o sea placentera y libre (¿a alguien le produce placer el estreñimiento?) en contraposición con todo lo que supone retener. Difiero pues radicalmente de la posición que, como en Castilla del Pino -a quien por otro lado admiro y leo desde hace más de 25 años para aprender de su saber -, define el amor y el odio como formas del deseo, diciendo que es tratar de adueñarse del objeto, poseerlo en su totalidad o en parte, eso si de signo opuesto en cada caso. Pienso que se trata de una perversión cultural: una psicopatología surgida del concepto de valor tal y como la sociedad patriarcal de predadores viene imbuyendo a sus crías desde hace miles de años: él mismo lo indica cuando afirma casi continuamente la predominancia del varón en los sentimientos pervertidos por los celos. Yo me he fijado en la confusión de la joven madre primeriza; no me refiero a las humanas -a no ser que pensemos en una que no se sabe embarazada ni porqué, como esas pobres "deficientes psíquicas" que tras sufrir el abuso sexual con su cuerpo, se encuentran un día en su retrete o bidé a una criatura salida de su vientre con dolor y desconcierto, y no saben qué hacer con "eso"-; me refiero a los mamíferos de la sabana, tan retratados en documentales televisivos, que observan a la criatura y la placenta e inmediatamente aman y defienden "eso" que todavía es una parte de sí mismas; a través de sus sentidos perceptivos e intuitivos "comprenden" que deben comer una de las partes y alimentar con sus pechos a la otra, la que se mueve y les huele a su propia carne y sangre, pero empieza a cobrar autonomía de movimientos. La reacción es inmediata y automática y para nada se puede confundir con un "poseer", siendo la más básica forma de amor: la de madre; que en algunas especies se prolonga luego en la alimentación de los cachorros propios e incluso de otros adoptados. Existe pues una mezcla aberrante que se ha de producir en determinado momento cultural para que el amor de madre conduzca al deseo de posesión, a los celos y a la violencia contra sí y el otro en ausencia del afecto natural. Y, primero, no puede ser ella quien lo desencadene; y, segundo, ese momento se produce cuando la imagen del otro sustituye al auténtico otro, cuando el lenguaje cierra las vías de la realización del deseo a través del No, y la alienación del valor sustituye a la realidad: diríamos que el mapa se convierte en el territorio y las curvas de nivel se convierten en terrazas de bancales cortando los senderos de tierra; porque lo simbólico ocupa el lugar de lo físico en la realidad. Quizá C.C. del P., que se esfuerza por hallar la hermeneutica del lenguaje en las patologías humanas, debería dar la vuelta a las cartas sobre la mesa y ver qué figura esconden y cuál es la jugada que componen al juntar los elementos que en cada civilización son discernibles, para descifrar con Lacan el secreto de la esfinge. De otra manera no se sale de Occidente, pues lo que está claro es que entre los pueblos nepalíes que comparten una misma esposa para varios hermanos, o en las tan estudiadas islas Trobriand las relaciones de amor/odio no son iguales a las nuestras.

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El trabajo (la acción, no su acumulación en beneficio que convierte el valor de uso en valor de cambio) es una mezcla de amor y poder, una fusión de nuestras energías con el medio que modifica para que al intercambiar contingencias se opere un cambio en el resultante, tanto para el actor como para su entorno, lográndose un producto enriquecido para ambos. Recordemos que la perspectiva sigue siendo relacional, y no debe ser conceptual porque los conceptos son una abstracción del pensamiento para justificar una acción, es decir encerrarla; y su contrario es la acción de destrucción o violencia, en que el poder se mezcla con el odio, por lo que el resultado de esa forma de actuar será de carácter negativo, teniendo en consecuencia un fin inverso. Todo depende de las proporciones y el signo del afecto: el amor crea vida, el odio la destruye, la acción es verbo transitivo entre yo y tu.

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El enamoramiento es como un chispazo de la atención (una especie de imbecilidad transitoria, decía Ortega) y se conecta con el deseo sexual el cual es una forma perentoria de atracción para copular, que puede llegar a durar y transformarse en amor con el tiempo si la relación desarrolla una estabilidad más allá del deseo, pero que tiene como fin el propio placer (la descarga sexual). Lo que lo diferencia al verbo AMAR, como al ODIAR, es su transitividad absoluta, la necesidad de ir del sujeto al objeto sin mediación. Se trata pues en una relación amorosa, o de odio, inmediata; de una disipación energética sumamente elaborada y poco comprendida hasta hoy por los seres humanos aunque sueñen con ella, que se confunde constantemente con esas otras formas relacionales prehumanas que son los instintos sexuales y territoriales mezclados con el miedo, y que son precursores de la relación de Poder. El AMOR se aprende en la primigenia transrelación madre-hijo; o no, y en ese caso la impotencia para alcanzar la felicidad transforma todo lo que era amor en odio, desencadenando pasiones terribles, que conducen a la aniquilación del Otro, y en muchas ocasiones a la del propio Uno, que anoréxica y bulímicamente, con adicciones a sustancias de adicción oral o sanguínea o en violento suicidio manifiestan su odio, que anidó en el hueco donde no estuvo el amor primigenio.

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El conocimiento se acumula en forma de saber y proporciona Poder. Porque la memoria es tiempo convertido en materia en los almacenes de nuestro cerebro, que vuelve otra vez al tiempo cuando recordamos el pasado o soñamos el futuro. El Poder es una relación que se estructura entre dos niveles de saber, cuantitativamente distintos, pero homólogos, y que existe en todo lo natural como información que se transmite genéticamente para permitir la supervivencia de todos los seres. Se constituye al acumular los conocimientos y utilizarlos para sacar ventaja en relación con quien no los posee.

Es la relación del cazador y la presa, el que más sabe de los dos es quien triunfa en la lucha por sobrevivir, pero ambos se anudan en la alienación de la imagen del otro, y se liberan dominando.

Se sitúa en un campo escalar distinto al del Amor en el esquema de las relaciones, parece tener las mismas reglas pero basadas en concentrar en vez de disipar, semejaría un circuito gravitacional, por su carácter atractivo y equilibrador y porque además es lo que produce la curvatura que encierra aquello que queda dentro de su campo de acción: lo social. Pero es inmaterial, su partícula/onda constituyente es el bit-informativo y la masa que genera es el saber que, acumulado adecuadamente en las memorias del Tiempo, proporciona las fuerzas necesarias para el trabajo del pensamiento (esa acumulación del fluido de la percepción que retenemos en forma de conceptos: ideas encerradas en cápsulas sustantivas que se mueven a través del tiempo por medio de los verbos: la fórmula mágica del lenguaje).

Por eso el Poder Humano reside en la Palabra (Amar es inexpresable verbalmente, requiere la metáfora), y se enseña a partir del NO en la segunda etapa de la vida infantil: con el control de esfínteres y alimentos que lo encadenarán orgánicamente en forma de tabúes, tótems y actitudes. Esa palabra es la que rompe la simetría del equilibrio animal de poder. Pero también los animales desarrollan formas o campos de poder al relacionarse unos con otros. Es pura economía del espíritu, esfuerzo ahorrativo para utilizar cuando convenga, que se introduce mediante el miedo a la inseguridad, desde el lado fuerte que muestra su experiencia ejemplificando, y atemoriza a quien carece de ella para hacerle aceptar la realidad frente a la placidez de la vagancia, o bien lo somete y esclaviza aprovechando su ignorancia. Su posibilidad de establecer dominios (el ámbito de poder visto desde arriba) y la jerarquización para distribuir el ejercicio del poder, crearon dos niveles: miedo y sumisión, abajo; violencia y amenaza, arriba. Lo que llevó a establecer dos morales (Nietzsche): la del aristócrata (de orgullo y justificación) y la del esclavo (de venganza y sumisión). Y en las religiones salvadoras se mezclaron, dando lugar a una doble moral de hipocresía y escándalo, de pecado y triunfo, por su dinámica vectorial transgresora; mientras en las orientales, que se esclerotizaron en las cinco relaciones confucianas, inmovilizan la sumisión, y la transgresión es vergüenza pública no culpa individual, porque el Ser es colectivo y la muerte insignificante. Se trata pues de un mecanismo adaptativo del animal humano, lo mismo que el Amor, que utiliza la energía existente de forma variada para conseguir una eficaz continuidad reproductiva.

El Poder se puede ejercer, por supuesto, de formas variadas (la violencia es el camino más corto para imponerlo, la democracia el más distributivo, pero depende de tantos factores de acuerdo entre desniveles que hace exclamar a un guerrillero como Arafat, hoy Jefe de la nación Palestina: "Es tan complicado ser demócrata...").

Lo que diferencia a los humanos del resto del mundo animal es su reflexividad, que da lugar a la posibilidad de transmisión cultural al margen de la genética, lo que ha ido introduciendo fuertes aberraciones en las fórmulas del poder y eso precisamente es lo que son las civilizaciones.

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La caza de grandes presas -un millón de años quizá en los genes, mientras que la agricultura no llega a 20.000 años- fue el origen del Patriarcado, y con él de la familia actual. Y no sólo porque supusiera la reclusión de las hembras en campamentos donde parir y cuidar criaturas y pertenencias (fuego, provisiones almacenadas, etc.,) a la espera del regreso de los guerreros que traían (aunque a veces fracasaban) carne y prisioneros/as, sino por el espíritu predador que introdujo en sus mentes. De ahí al capitalismo global de hoy que destruye el planeta sólo ha habido un recto caminar irreflexivo, montando sociedades-mercado-fortaleza acordes a tal mentalidad. Y "ellas" tanteando intuitivamente que macho le daba seguridad para ofrecerse seductoramente a él y conquistarlo: en ese esfuerzo tuvieron incluso que sacrificar su propio placer (estar con tantos como su fisiología permitía realmente) en aras de una pobre felicidad, que es ese bajo tono de satisfacción que planea sobre lo "seguro". Pero es que se jugaban la vida ante la bestia.

Durante casi un millón de años, los machos pre-humanos aprendieron a perseguir, acosar y matar y establecieron sus tabúes de preservación vital, controlando los secretos del su saber. Y la "monas" se lucían y entregaban sexualmente para poder ser defendidas de la misma brutalidad de los machos que, por lo general traían comida y pieles al hogar. Luego vendría la agricultura.

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Todo eso es consecuencia de la evolución en condiciones difíciles de disputa del entorno con otros predadores. Ahora esas condiciones han cambiado, y la mujer lo ha percibido antes que el varón, por eso ellas son hoy el sujeto revolucionario del género humano. De su voluntad de cambio actual depende en gran medida el futuro de los hombres, esos seres en camino de transformarse en dioses. Son ellas quienes han comprendido primero que existen formas de relacionarse que no precisan jerarquías de poder, como el affidamento; o lo que llaman autoridad, una relación que señala un rango de sabiduría en la mediación que se asume sin coacción activa o pasiva en el ámbito de su eficacia, permitiendo articular intercambios equitativos de conocimientos, de trabajo o de afectos, sin que implique dominancia de un lado sobre el otro; de hecho "ni tiene ni busca poder dentro del orden patriarcal" (Mª M. Rivera G.), y tiene sus propios métodos de intervención en lo público, como puede ser la ilegalidad responsable, que no se basa ni en la resistencia ni en la desobediencia civil sino en un comportamiento basado en el criterio de autoridad y que yo creo que está en la base de la actuación de muchas ONGs. Al romper el orden simbólico se consuma la revolución, y el cadáver en descomposición del Patriarcado queda expuesto para los servicios fúnebres, mientras se gesta un nuevo orden donde la diferencia no es discriminación sino multiplicidad. Hoy, una mujer es una mujer una mujer, y no una mezcla en partes elegidas por el macho de niño indefenso y animal sexual. Silenciosamente está en todos los lugares, e incluso en aquellos donde le cortan el paso, deben ya definirse por su ausencia "políticamente incorrecta": en las sociedades islámicas, las iglesias, donde lo sagrado ha sido miles de año masculino: dios y rey, la represa cede en tantos sitios que el caudal es imparable y desborda en grandes chorros o pequeñas grietas por toda la estructura del sistema patriarcal, de lo simbólico a lo físico. El dualismo alma-cuerpo (o espíritu-materia) que daba la preponderancia a la primera sobre el segundo fue el primer matricidio consumado alevosamente, asesinando a la propia engendradora de vida como protagonista del nacimiento de todo el ser desde su interior carnal al conceder la parte pura o sagrada de la vida del ente a un Dios-Padre (el macho original) que iba a otorgarla con el verbo. El orden violento del varón es reducionista para ser eficaz: tiene que fundarse en la negación y la diferencia, para que el Yo se cierre a la contaminación genérica adversa: se elige el modelo simbólico del padre o la madre por identificación exclusiva y haciendo que el centro de poder esté en el varón, dejando como alternativo y fuera del orden lógico a la femineidad y sus valores. Pero, al negarlo sistemáticamente para poderlo expulsar una y otra vez, lo ha mantenido vivo hasta que ha comenzado a germinar; y ahora, desde el otro lado del espejo el feminismo de la diferencia resurge entre las grietas de la muralla: el concreto se hincha y la consistencia cede por la liquidez de la lógica ancestral en la pétrea solidez de la dialéctica. Su forma de acceder al conocimiento no es jerárquica ni discriminadora así que no precisa estructuras científicas sino sensibilidad humana; la riqueza de su conocimiento no se acumula, se disgrega y reparte como el afecto y la comida en la casa de la madre.

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Del miedo a la muerte el hombre se sacó a los dioses, lugar al que había elevado a sus ancestros, que le visitaban en el sueño, para que, siendo superpoderosos, le protegieran de los peligros diarios. Al principio los dioses (devas en India) eran muchos, tantos como cosas importantes y se les rogaba ayuda ofrendándoles alguna parte de lo que otorgaban. Luego, cuando una casta monopolizó el culto y se convirtió en intermediaria ante lo mágico, exigió sacrificios mayores para beneficiarse de la esperanza (pasado mirando futuro) de los crédulos; y empezó a pedir fe (futuro mirando pasado) desarrollando un sistema moral en el que lo que era bueno para ellos se consideraba "lo bueno" o favorable a los dioses y lo que no lo era se tildaba de pecado a condenar y requerir penitencia, lo que no era otra cosa que una manera de conseguir otra ofrenda.

La hierocracia que se constituyó después, tras la especialización de funciones en las ciudades, fue quien les convenció de la necesidad de un Dios-Padre todopoderoso y al servicio exclusivo de su tribu o nación, al que habría que adorar sacrificialmente. La unión de los conceptos de Dios y de Nación (padre y madre sociales) le proporcionó el sueño de Proyecto Histórico, elevando a su familia o clan al estadio celular de un objetivo cultural que justificaba su sueño de trascender la genética para mutarse en dictador de su propio destino: Dios, uniéndose a los ancestros y dictando la Ley. Es la historia del poder entre los hombres.

Pero el hombre sigue siendo un animal que hay que domesticar uno a uno, antes de que se convierta en salvaje (natural), por medio de la enseñanza de los códigos sociales. Y los hombres debieron de darse cuenta, antes de serlo incluso, de que la sexualidad no era solamente una cualidad reproductora: que la abstención temporal, en un ser que dejaba de ser cíclico en su celo y gozaba especialmente del sexo, y la regulación ritualizada, le proporcionaban un control increíble sobre los individuos en período de aprendizaje, por lo que extendió las prohibiciones convirtiéndolas en tabúes, ligados a las formas culturales. Así prohibir servía para acumular. De hecho existe una especie de primates que está por encima de los chimpancés en la cadena evolutiva, los bonobos, cuyas hembras no entran en celo, al igual que las mujeres, siendo continuamente accesibles sexualmente (desde el punto de vista físico, claro) y caminan erguidos más tiempo, copulan con el abrazo anterior en vez de por detrás, lo que acerca sus rostros, y que resultan ser mucho menos violentos con sus crías, más tiernos, lo cual les asemeja a sus primos humanos.

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La familia transmite eficientemente los valores de sumisión jerárquica y construye para el pequeño cachorro humano el nido de conceptos espacio-temporales en que debe desarrollarse su existencia. Distintos en cada sociedad, pero todos iguales en lo que se refiere a la estructura básica del poder. Primero le da el amor maternal, imprescindible para su capacidad reproductiva y para establecer unas relaciones sociales humanas. Y luego lo alimenta de los conocimientos que lo sitúan en su lugar social, o en el que los proyectos soñados por sus padres quisieran estar (al fin y al cabo el hijo es la proyección temporal del padre, como su herencia es su proyección espacial que todos sueñan ampliar).

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El macho se convirtió en el elemento fuerte en su sentido físico de potencia y planificación para cazar grandes piezas, aunque la hembra pudiera serlo en otros campos, y adquirió cualidades de lucha y búsqueda; así como sus parejas intelectuales de planificación e invención, adecuadas en un estadio de carencias elementales y condiciones climáticas duras, que llevaban a disputar alimentos y abrigo a otras especies y a grupos rivales de la propia. Ello motivó el que las hembras que parían, desde la pubertad a su pronta muerte, crío tras crío y habían de quedar al resguardo durante los embarazos y la crianza, se hicieran por ello las depositarias de capacidades más sedentarias, modificando sus cualidades. Tal cosa debió de ocurrir tras muchos miles de años de estructura social con preponderancia femenina que pudo mitificar su poder sagrado de dar vida en la época de la recolección y vagabundeo; lo que motivaría una envidia misogínica de los varones que aún hoy se nota en ese desprecio secular hacia las mujeres por parte de los que se creen "más hombres entre los hombres".

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Las sociedades primitivas debieron de ser poco a poco dominadas por los machos que al establecer sus derechos jerárquicos fueron condenando a las hembras a la esclavitud hasta llegar a utilizarlas como valores de intercambio que reforzaban su poder en el grupo.

Aunque tenían que ser ellas quienes cubrieran las primeras etapas educativas, hasta la entrada en sociedad de los adolescentes, como aún ocurre, por ejemplo, en las sociedades islámicas en que la potestad del padre comienza hacia los siete años, momento en que toda la educación se impregna decididamente de menosprecio por la mujer a la que no se permite progresar estudiando y se la empieza a cubrir con el velo. El porqué de tal comportamiento se lo podríamos preguntar también a los monos papiones o a los humanos Massai entre otros muchos semejantes a nosotros que aún siguen en etapas anteriores de desarrollo social. Sus ritos y mitos nos contarían nuestra propia historia, si sabemos entenderlos.

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El apellido del padre (varón) puesto primero a cada hijo en nuestra civilización, señala el orden social de poder (la potestad sobre la herencia, genética y de las propiedades de la familia): es la negación de la mujer como persona, que impide "partir de sí para entrañarse, para establecer relaciones abiertas, superando la noción de ajenidad del mundo" (Luisa Muraro), porque anula, como después lo hará el matrimonio, la individualidad del ser femenino; es el hiyab (velo) occidental, que deja en tierra de nadie, o sea de todos, a las mujeres. Cada núcleo familiar reproduce ese orden, desde la del Rey (cuyas hijas mayores están en España sálicamente declaradas incompetentes para reinar al existir un príncipe varón) hasta las de las madres solteras, a quienes se pide aún que busquen, si no legalmente si de hecho por estar mal vista su actitud social, un padre que ponga su apellido a los hijos. También el género en el lenguaje indica la discriminación, al nombrar en masculino al conjunto: los hombres por la humanidad, o los españoles, los médicos, los negros, el dinero, el poder, etc. Un idioma moderno debería ser neutral y los nombres propios, con riqueza de posibilidades adjetivales o patronímicas abiertas, suficientes para llamar a las personas (Deleuze decía que "el lenguaje es fascista" y no se equivocaba mucho, creo yo, porque al menos machista si que es, sin duda). Al fin y al cabo ya tenemos números que nos identifican en los documentos oficiales, pero las mujeres además tienen un apellido de hombre apostillándolas.

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Mucho antes que la manzana (comunidad de familias) o la aldea y que la escuela y el grupo de amigos, la familia es la primera red social a la que se incorpora el individuo. Es un microcosmos de relaciones, un pequeño sistema donde aprender interactuando con el medio en condiciones normalmente favorables de cobijo y afecto. En ella se aprenden las primeras relaciones y, si allí predomina la afectividad y la cooperación -es decir, relaciones en las que el poder aún no ha hecho acto de presencia-, el niño no sólo tendrá muchas más posibilidades de sobrevivir al tejer sus otras relaciones sociales; si no que si le fallan, la familia actuará como red de circo en las caídas: estará salvado porque la solidez de su malla le dará el calor necesario en tiempos difíciles; y su misma aportación por pequeña que sea le mostrará un camino de solidaridad y amor tan gratificante como para estimular su extensión hacia las otras redes sociales. Claro que eso es un supuesto ideal, porque en la realidad la familia se conforma con enseñarle el papel que deberá adoptar para sobrevivir mediocremente; y eso, a costa de mutilar su capacidad creativa con prohibiciones y normas de cumplimiento estricto con el chantaje de los afectos como contrapartida.

Y, si en ella predomina el despotismo, la violencia, el abuso, la arbitrariedad y la falta de cariño, y se estimula el espíritu competitivo por encima de la colaboración entre iguales, el modelo vital que tratará de reproducir más adelante le conducirá a una lucha fratricida; y el autoritarismo activo/pasivo inculcado, el miedo a volver a caer en ese clima fatal, lo que le impedirá pedir auxilio cuando realmente lo necesite; además de convertir al individuo en un criminal miedoso y conspirador que hace sentir su propio terror a la soledad a los demás a través de la violencia.

En la familia se fijan sinápticamente las referencias del hombre social: el orden del poder. No es que sea imprescindible, existen otros modelos posibles, desde el falansterio al orfelinato, del clan totémico a la pandilla de huérfanos, pero la familia extendida guarda unas características naturales que ningún otro aporta, porque en ella aparecen los progenitores modelando el sistema relacional, dando coherencia a la necesidad de afecto y estímulo, al vínculo cooperativo y al juego creativo de buscar y aportar entre hermanos, de satisfacer la curiosidad y la ternura; más aún si están cerca los abuelos, tíos, primos y todos aquellos que aumentan el intercambio de experiencias generacionales. Desde luego no me refiero a la "familia cristiana" ni a ninguna en particular basada en coordenadas ideológicas represivas, sino a una un tanto ideal que aparece borrosamente en todas las formas familiares, pero que es posible dotar de contenidos, porque como modelo viene a ser de lo mejor que ha inventado la humanidad. Es un campo escalar social que, si se corrige eliminando las funciones sexistas y se democratiza con la participación responsable y decisoria de todos sus elementos, podrá reportar aún muchos beneficios en siglos venideros a la formación primaria de los niños, antes de pasar a los otros terrenos sociales.

sábado, marzo 29, 2008

PLACER Y PREJUICIOS
Me escandaliza profundamente esa oscura manía, tan perversa y maliciosa ella, de querer prohibir todo lo que produce gozo, de convertirlo en pecado para producir sentimientos culposos y castigar religiosa, civil, o militarmente si llega el caso, los actos plancenteros y hasta los estados de ánimo tranquilos si han sido inducidos por alguna exosustancia (en el pasado eso era la regla, ahora las costumbres cambian y se suavizan, pero la prohibición no).
La retorcida religión bíblica (las 3 del polígamo Abraham) con sus asquerosos y ególatras patriarcas represores de toda libertad que no sea para la de adorar a su engolado dios particular, empeñados en tenernos continuamente embargados en sus berenjenales ritos purificadores o en estúpidas oraciones que ocupen la mente para que no podamos disfrutar de la vida y así no pequemos. Es decir, nos saltemos las normas oficiales marcadas por ellos desde su intocable poder con amenaza eterna de echar por la borda la oferta divina de salvarse en otra vida a costa de sufrir en esta, y con la posibilidad hipotecada gracias a las cuotas de buena conducta, seguimiento de rituales, pensamiento puro que convierte incluso los deseos naturales en pecaminosos y, por supuesto, la aceptación sin peros de la voluntad indiscernible del Jefe máximo, sea cual sea, incluso aunque te pida sufrir y morir, según sus intermediarios, ya que es el que se supone que paga la existencia y si él no hubiera querido no habrías pasado por este miserable valle de lágrimas a jugarte a la lotería El Paraíso, poniéndote en sus manos que son todopoderosas (menos para evitar la maldad real en el mundo que es un regalo envenenado para probarnos a todos o, como dice Javier Ortiz, para dejar de ser dios él mismo y explicar porque coño nos trata tan mal si somos sus más queridas criaturas).
Por eso nos inculcan casi desde que nacemos dos cosas principales:
1, la SUMISIÓN a quien manda (que requiere FE en ese sujeto como protector) y como el bebé es la última mierda en llegar tiene que obedecer a todos, sobre todo en el caso de las mujeres, que tienen además que someterse histórica y culturalmente siempre a los varones de la familia, aunque sean mayores que ellos y, salvo en los casos de padres sin autoridad que ceden a todos los deseos del "perverso polimorfo" inmaduro que no tiene otra voluntad que sus necesidades primarias y sus carencias elementales a las que esos padres incapaces de educar conceden todas las atenciones convirtiéndolo en un egoísta egocéntrico y ególatra sin remedio capaz de esclavizar a todo el mundo para alcanzar un antojo. O esos otros pobres niños abandonados con afecciones psicotóxicas por falta de atención, cariño, caricias, palabras de consuelo y abrazos maternales que acaban convirtiéndose en seres asociales sin capacidad para empatizar las emociones ajenas ni verse afectados en su discurrir por la vida por otra cosa que no sea su inmediata satisfacción, sin placer ni sentimientos, como esos sociópatas tan populares en el mundo anglosajón y en el eslavo (por distintas razones, quizá) como vemos en sus pelis.
Y 2, el TEMOR de DIOS, puesto que la otra cara de la Fe es el MIEDO y no puede existir una sin su reverso tenebroso, el terror pánico a la separación del grupo que aglutina el Jefe, la expulsión de la familia, de la tribu, del grupo social, del país, o la cultura común (comunidad de creyentes, o del arraigo social, la Umma musulmana) y por fin la muerte eterna, sin redención posible ni paraíso, al olvido y el silencio cósmico. Al menos los creyentes "malos" van al infierno por sus pecados y eso es algo más (incluso para muchos más divertido que la insulsez de la contemplación del cielo ¿no?) por chungo que sea, pues peor es el maldito limbo y la entropía memorística en el olvido eterno.
Todo esto viene a esa estúpida y maliciosa costumbre de los creyentes y la sociedad oficial con sus normas que exige también creer y confiar en ella, en su mediocre justicia, en su perversa política pseudodemocrática, en sus cuidados paliativos durante la vida y sus registros escritos para no olvidar a los muertos, de negar todo placer gratuito como nefasto y por principio. A cuento digo esto de que están estudiando los efectos curativos del cannabis (y otras drogas) pero se empeñan en suprimir los "efectos lúdicos" que puedan traer consigo los tratamientos. Ya lo hicieron con el opio y la coca buscando aislar sus principios curativos y quitando el placer que producía su consumo natural, lo cual consideran efectos secundarios insanos, los muy cabrones...
Se sabe que el café y el tabaco van bien para algunas enfermedades (como el Parkinson, por ejemplo) pero lo ocultan porque tienen una cruzada contra todos los vicios, que los opiáceos y los derivados de la cocaína alivian dolores, que las anfetaminas estimulan el cerebro y evitan mareos, que el LSD y otros psicotrópicos son estupendos en pacientes con psicopatías, etc. y, por fin, que la marihuana alivia el glaucoma ocular, las nauseas de tratamientos de quimio o radio, los dolores neorológicos , estimula el apetito (y la risa que tanto molesta a los puritanos) en pacientes débiles (anorexia, Sida, etc) y además de mantener la absurda prohibición para los adultos conscientes y responsables de lo que hacen con su cuerpo y su mente se pretenden eliminar los principios activos del Tetrahidrocannabinol porque "podrían estimular el aspecto lúdico y placentero" de su consumo, lo cual debe joder un montón a esos retorcidos represores). Sencillamente creo que son unos hijos de puta hipócritas que se ponen hasta arriba de alcohol y adrenalina ejerciendo su poder y violencia social, pero como pútridos clérigos que se masturban bajo la sotana mientras se sienten fatal con los cilicios apretados en sus carnes, nos quieren hacer pagar a los demás sus vergonzosas contradicciones. Por eso siguen manteniendo los tabúes sobre todo lo que signifique gozo, placer, satisfacción mundana aunque no se haga daño a nadie y se sea plenamente responsable y consciente de lo que le puede pasar a uno cuando abusa. Esos idiotas políticos o religiosos nos tratan como a menores de edad bajo su tutela y nos amenazan con castigos en esta tierra o en el otro mundo. Sus leyes, terrenales o divinas, son injustas y hay que rebelarse contra ellas. Hay que reirse de ellos, ridiculizarlos en sus contradicciones y en la memez irracional de su serio discurso, escandalizar y desobedecer reivindicando nuestro hedonista derecho a disfrutar de la vida.
Y a los menores hay que educarlos explicando los riesgos del sexo sin protección y sin controlar la posibilidad de embarazos, del peligro de abusar de sustancias exógenas que pueden producir adicciones o daños físicos o psíquicos, sean legales o no. Como se instruye en el control de la violencia en los conflictos con otros o den los riesgos de conductas peligrosas como la conducción de vehículos y los deportes extremos en medio de la ciudad o en sitios inapropiados. Como se recomienda vacunarse contra enfermedades endémicas de zonas a las que vamos a viajar, como no se deja pilotar un camión o un avión a un crío ni se los permite emborracharse o cruzar una autopista en horas punta. Como se enseña a hacer uso de sustancias que tomadas en exceso tales como medicinas pueden producir daños y no se los deja entrar a la jaula de los leones.
Pero el problema no son las dichosas sustancias en sí mismas, sino que nuestra queridísima civilización ha adoptado un sistema económico perverso: ese tan vanagloriado capitalismo o eufemísticamente "sociedad de mercado" en el que los estímulos al consumo son lo más, el eje del disfrute del ciudadano-consumidor y del enriquecimiento de quienes nos gobierna o sueñan con hacerlo (no solo los políticos sino quienes están detrás de ellos: los propietarios e intermediadores comisionistas mercaderes y corporaciones de los mismos, depredando en el mercado y gastando a su antojo y sin control). La hiperestimulación al consumismo por medio de la publicidad y los regalos desde la infancia, propiciada además por quienes tienen la autoridad moral entonces, que son los padres y maestros, luego por todo el entorno y los medios de comunicación, la familia, la sociedad entera diciendo "compra, consume... eso es el placer de tu vida", hay que tener de todo y lo último en salir, si no estás a la moda no eres nadie, si no eres propietario de casa, coche, tecnologías y bienes fungibles continuos, de objetos que aunque no los puedas pagar muestren un estatus social, una apariencia de poder, etc. Eso conduce a la inmensa mayoría de la población que no se para a pensar y a plantearse las cosas que están detrás, que actúan como masa borreguil gastando y engañándose a sí mismos en sus frustraciones como si de esa manera se sintieran mejor, hasta que llegan al vacío existencial o la palman creyendo que van al cielo o al infierno (menudo chasco si no despiertan en el lugar esperado ¿no?). Son incapaces de madurar psicológicamente con tales carencias de reflexión y se embarcan en adicciones fortuitas a lo que sea: máquinas de entretenimiento o juegos (ludopatías), sustancias con efectos secundarios: todas las drogas desde el alcohol al crack los tienen pero no todas son igual de peligrosas si se modera el consumo y se hace con cabeza; aunque hay algunas que están perfectamente diseñadas por los mercaderes de la muerte para enganchar y destruir a las personas, convirtiéndolas en tontos consumidores o esclavos, y la mayoría de los riesgos están en las sobredosis y adulteraciones debidas a la prohibición que impide controlar lo que se toma y en la conversión en zombis con síndrome de abstinencia de sujetos abandonados a su suerte, casi siempre con tales carencias afectivas que caen de cabeza.
Pero las adicciones al sexo y los comportamientos arriesgados en los deportes o la carretera no llevan a prohibir las relaciones íntimas, la escalada o la conducción, aunque muchas iglesias querrían regularlas como en el pasado y condenar los excesos como pecados mortales, ahí están los nuevos pecados dictados por el Vaticano. También se aplica morfina y novocaína en la sanidad, y no se cierran los bares y los estancos por muchos muertos que produzcan el alcohol y el tabaco. Entonces por qué siguen prohibiendo la marihuana que ha demostrado en casi todos los estudios científicos que es mil veces menos peligrosa que las armas, los automóviles, el tabaco, el alcohol y las conductas autodestructivas del consumismo exacerbado de bienes y servicios innecesarios.
Pues seguramente porque los gurús de nuestra sociedad aún no han encontrado el medio de hacer dinero a mansalva con ella como hacen con la prostitución y los ladrillos.
Este es un tema muy polémico desde luego, pero cualquier librepensador de cualquier época razonaría en lugar de enrocarse en las prohibiciones a las libertades individuales de conductas personales y conscientes. Creo yo...

sábado, marzo 01, 2008

DE LA FAMA A LA CAMA
Existe una perversión de moda con un cierto pasado poco recomendable y que, sin embargo, al igual que los placeres que se convierten en adicciones se ha enquistado en la sociedad de mercado porque tiene en ella su mejor aliado para imponerse. Se trata del afán desorbitado por triunfar, de la fama, ese público reconocimiento que le llega no a quien hace algo bueno o malo que destaque del resto sino a quienes se empeñan en darse a conocer para lograr después sus verdaderos objetivos; o de quien no entiende siquiera de objetivos pero en su perezosa estulticia de ignorantones que todo lo quieren ya y sin esfuerzo, se sienten halagados como los somormujos o los urogallos en celo que descuidan su propio futuro al prescindir de la seguridad frente al cazador borrachos de su canto o danza con que piensan lograr colmar su deseo inmediato.
Digo que es una perversión puesta de moda, y lo es en todos los terrenos incluso ya en los siempre proclives al anonimato como jueces y espías, que parecen creer en la vistosidad de su plumaje en cuanto son citados por la prensa más popular y las cadenas de televisión, porque seguramente procede del deseo ancestral de triunfar en la manada o grupo social para tener más atractivos ante las hembras (o los machos rivales) y disponer de mejores medios para la supervivencia alimentaria para sí y sus genes (luego hijos y ahora clones sociales, imitadores de lo que a otros hizo ganar fama y que como espejos múltiples aunque deformantes multiplican la fama). Aquello que fue un mecanismo evolutivo parece haberse convertido en un circo en el que todos quieren pasar un ratito por la pista para hacer el payaso, el equilibrista o la mujer barbuda, y lograr así un reconocimiento por nada que les permita vivir sin dar ni golpe a ser posible, aunque a veces la competencia es tal que tienen que andar saltando de pista en pista en un frenesí por resaltar sobre el montón de donnadies.
Ya no hace falta trabajar, reflexionar y además tener el ingenio natural o la capacidad creativa para alumbrar una obra del tipo que sea que perdure por su genialidad. El mercado consume rápido y necesita carnaza constante, aunque sea bazofia llena de grasa colesterosa y aditivos perjudiciales a la salud que además dejan desechos asquerosos casi indestructibles (y no sólo en lo alimentario como la comida basura y las latas de refrescos, sino incluso en el Arte y lo que le es próximo.
Como recordaba Juan Goytisolo, citando a su vez a Zaid, la fama es incontrolable como todo lo que depende del público y además cosifica al sujeto que deja de serlo para convertirse en un objeto de consumo más.
Quien busca la fama y el triunfo ha de derrotar a otros muchos que también lo buscan. Y ha de hacerlo aceptando convertirse en una imagen estereotipada que lo representa como icono público con aquello que a quienes lo reconozcan pueda satisfacer como objeto de deseo, de aversión o de modelo a imitar. Sale pues de su propia personalidad en forma de cuatro rasgos identificables (físicos, de carácter o actitud, de obra clasificada,...) que el "gran público", es decir una masa irreflexiva devoradora de simplezas y bocados fáciles encuentre catárticos para su espíritu gregario o carismáticos a sus sueños de identificación elemental, algo con lo que sentirse uno objetualment, que en el caso de las inmaduras jovencitas seguidoras de cantantes o actores se transmuta a veces en histeria al no ser capaces de dar cauce racional a una realidad por la que se sienten completamente absorbidas por el icono en que sus deseos se encarnan y que su mayor vulnerabilidad por la educación recibida (indefensión aprendida o complejo de Cenicienta) las conduce a una emoción tan intensa ante la posibilidad del contacto directo con su ídolo como si estuvieran a punto de ser "poseídas" sexualmente, aunque el contacto sea mínimo o esté sólo en su fantasía como un delirio arrebatador. Lo mismo suele ocurrir con los líderes políticos carismáticos en el caso de masas fanáticas incapaces de plantearse las afirmaciones de sus dirigentes de modo particular y aceptando como sagrado todo lo que salga de su boca llameante. Las religiones y los movimientos populistas anudan miedos con esperanzas redentoras prometidas por el jefe usando chivos expiatorios y frustraciones para ligar a la masa y poderle exigir cosas que si reflexionaran individualmente no podrían ni plantearse llevar a cabo, pero que al abrigo de la multitud y guiados por medio de consignas precisas tienen tal poder destructivo como para arrasar continentes y con la levedad insoportable de lo "disculpable" a posteriori por que se esconden en una supuesta locura colectiva. Eso funciona así en la mentalidad autoritaria (siempre con doble dirección: quien aprende a obedecer por miedo y sin cuestionarse las órdenes suele convertirse en sargento de pelotón capaz de ordenar barbaridades y si se le piden responsabilidades decir que "sólo cumplía su obligación", eso que eufemísticamente han llamado "obediencia debida" de los torturadores , asesinos y encubridores de crímenes execrables en las dictaduras o llevando a cabo acciones militares "imprescindibles" para ganar. La ductilidad del carácter humano para resistir y adaptarse a condiciones difíciles y tener que hacerlo en colectividades con patriarcas que podían abusar del poder mientras lo ejercían y producían una cadena de mando en la que cada escalón no debía cuestionar al superior para mayor eficacia y donde las mujeres siempre quedaron al margen de ese poder, siendo utilizadas como objetos de cambio y para labores secundarias de mantenimiento y reproducción, ha construido unos individuos muy manipulables si son educados desde niños para obedecer y creer en lo que quieran sus mayores. Eso conlleva una debilidad de carácter en la mayoría siempre a la espera de recibir instrucciones para actuar y una vulnerabilidad muy especial en las mujeres acostumbradas a ser "rifadas" o entregadas por la fuerza a los machos ganadores. La histeria de las adolescentes va asociada a ello y el deseo de fama de ellos, ahora extendido como un derecho más a las mujeres a las que se ha distraído con un objetivo falso de realización propia para evitar que se pensaran mejor la vida y lucharan por lo que en realidad les da autonomía individual que es el logro de una vida propia (una habitación propia, pedía Virginia Woolf hace menos de un siglo) sin dependencias.
Todo se basa en la sublimación del deseo real transmutado en fantasía delirante que la persona que no ha crecido emocionalmente como para ser independiente y objetiva para decidir tras reflexión madura y tranquila con todos los elementos posibles que aporten datos nutrientes a la misma y desemboque en juicio cabal, es incapaz de escapar de la perversa atracción que el miedo y el deseo sexual encubierto les conducen a tomar como seres obedientes y a veces fanatizados, es decir, sin voluntad propia aunque una ilusión colectiva les induzca a pensar que obran por propio interés.
Esto es común en una sociedad en la que el liderazgo ha pasado al mercado porque el poder parece haberse fragmentado en multitud de trocitos de espejo la gran luna en la que se veía al gran padre-líder y además muchos de esos aspectos relucientes tienen la oportunidad de ponerse en candelero y salir al foro público como opciones baratas para llegar arriba y sin gran esfuerzo y sacrificio. Se convierte en materia cotizable en que cualquier tonto puede tener sus 15 minutos de fama por casualidad o en un golpe de ingenio, cuando no por enchufe al ser hijo, exnovio, amigo de un pariente o lo que sea de alguien que ya es famoso. Y si los aprovecha valen para pasarse una temporada con la sopa boba garantizada. Pero suele ser un camino sin retorno, como casi todas las perversiones que producen una marca imborrable que pulveriza el respeto ajeno y se convierten en una imagen superpuesta a la original de la realidad del sujeto, con lo que los "famosos" son objetos virtuales en un pimpampún social ya para siempre condenados a soportar su propia falsedad ante sí y los otros. Yo no sé si merece la pena para alguien con cabeza convertirse en famoso (que se lo pregunten a ellos) pero me parece que es preferible una vida discreta en la que poner en orden las cosas que realmente le interesan a uno sin hacer daño a los demás. Y esas obsesiones tan judeo-cristianas de destacar que los americanos han llevado en su modo de vida al extremo de preferir ser criminal famoso y morir matando compañeros del colegio a ser considerado perdedor o aquella otra que los regímenes autoritarios han cultivado siempre exigiendo disciplina y patriotismo a sus súbditos haciendo de la mediocridad obediente su emblema creo que deben ser pasadas por el juicio de la razón, la autocrítica reflexiva y la empatía en la relación social para que empecemos a ser los humanos lo que podríamos ser sin cadenas.

lunes, febrero 25, 2008

CALAVERA O CENIZAS.
nunca quise como fotógrafo ser ilustrador de cadáveres con signos inequívocos de vida emocional rara y encefalograma plano como son todos esos personajillos que salen en el cuché y colorín o en los descerebrados programillas de entretenimiento gangoso en los que famosos de medio pelo y cutres totales que desean poder contar cualquier cosa por unos duros (como en ese irónico anuncio en el que una mujer-víbora con cara de ir a apuñalar a alguien por la espalda y taimado gesto eléctrico con mohín cómplice a su público dice "lo vi todo" silabeando y escuchando el clin clin de la tarifa ascendente por su próxima revelación de alguna memez privada que está a punto de ser pública. Eso que llaman "paparazzi" (un plural sacado de La dolce vita) es un oficio canlla y arrastrado de sabuesos irresponsables sin mucha más ética que el mercado de la carne podrida y la penicilina falsificada de los estraperlistas de postguerra en Chicote. Como profesi´çon es inmunda y humillante, desprovista de respeto a los "paquetes" que les toca perseguir y a uno mismo por el desprecio inherente a los principios del periodismo, o sea a contar aquello que tenga utilidad pública y aporte información que cambie o enriquezca la sociedad en que vivimos (y no a unos cuantos sinvergüenzas enboscados en el lujo o con intenciones de estarlo).
Cuando trabajaba como free-lance para una agencia de fotógrafos (Cover) siempre me negué a seguir y retratar a gentes que no querían (o eso manifestaban para hacer luego sus apañaos) ser "inmortalizados" a la salida de un restaurante, con una nueva pareja, haciendo topless o nudismo en una playa o un yate teleobjetivados, dandose el lote dentro de un coche o a través de cortinas a medio echar en su casa o jardín, subido a un árbol durante días a la espera de cazar una pieza mayor, persiguiendo en moto, coche o helicóptero, ni apostándome en cruciales lugares de paso al famosete de turno o la prima del cuñado de un amigo de la suegra de la ex de una que fue famosa o lo va a ser gracias a "mi" exclusiva.
No "robo" cromos por vergüenza torera y respeto al prójimo como a mí mismo y cuando capto a los políticos en actitudes ridículas (desde mi punto de vista) es porque son verdaderos personajes públicos pagados por todos para resolver nuestros problemas y no para lucir su EGO y sus manías ideológicas en beneficio propio y de sus amiguetes. Trato de infringir con ello justo castigo (repito que desde mi perspectiva, claro) a los excesos e ineficacia profesional, ya que suelen estar tan henchidos de egotismo que se les va la mono y hasta la olla al entrar en contacto con sus seguidores o al insultar a sus adversarios políticos, a veces con la mentecatez de discursos irreflexivos o vacuos y otras con vociferios de cloaca y mentiras de relumbrón que ni ellos mismos pueden creer (a no ser que sean idiotas) pero que usan cínicamente para engañar ilusas masas votantes y hacer caja en las arcas de sus grupos, cuando no en las personales.
Los cotilleos son inmundicias que no deberían salir ni en papel impreso como no sea novelados y con nombres falsos ni en las pantallas y altavoces llevados por ondas o cables a las casas. Pero en este mercado global donde todo se vende y sube su precio según las élites de cualquier tipo estén implicadas; el caviar y las trufas porque sólo ellas pueden pagar los aut´´enticos y apreciar su exclusivo sabor, las relaciones o deslices de quienes han hecho carrera precisamente para ejercer de catártica pomada en las crudas, mediocres, tristes y frustradas vidas de la gente "normal" que son los consumidores de toda la mierda del mundo; esos que como en una anuncio de una compañía de seguros son la base esencial de su razón de se, es decir quienes sostienen con su dinero multiplicado por millones todo el entramado poderosos del que viven esas élites, su lujo y libertades extra que admiran los pobres necios que los sufragan.
Y mientras se olvidan un ratito de su miserable existencia de tropa.
para mi, y en eso he tratado de educar cuidadosamente a mis hijos, hermanos menores, sobrinos y amigos de dialogar, así como a los muchos fotógrafos becarios en prácticas que han pasado por mi lado, hay una integridad moral basada en la imprescindible empatía que sólo la propia intimidad consciente permite vulnerar, nunca la relación personal con otros, sea emocional, profesional, pública o artística: lo que no quisieras para ti (y los tuyos, naturalmente) no lo hagas ni permitas que lo hagan o sufran los demás, al menos si está en tu mano evitarlo o denunciarlo para encararlo con sinceridad. Por eso me descompone el alma ver mentir y embaucar, hacer el paripé político y cometer fraude. Y, aunque el pragmatismo de la supervivencia me concede sonrisas y palabras amables frente al poder establecido o la estupidez fanática que amenaza (en realidad los políticos en persona) mientras ejerzo mi oficio de sacar de las tinieblas un poquito de luz en lo cotidiano de la realidad capitalina.
eso no me impide a la menor oportunidad resoplar con la ira razonable si soy molestado en el ejercicio de mi trabajo y discuto con quien sea (por muy poderosos que sean, y eso lo saben bien mis jefes que a veces me tienen que pedir prudencia y los de seguridad o protocolo de los ejercientes del poder porque no me atengo a las normas). Además luego expreso sin pudor mis opiniones por escrito o imagen (no manipulada, pero tampoco censurada su delatora crudeza del ridículo ajeno).
El mal del siglo es ahora la falsa imagen de las cosas y las personas que permiten ser vendidas como lo que no son en un mercado global de bienes y sentimientos. Así, los políticos se disfrazan, algunos tan burdamente como la rubia ambición "Esperanza de madrid" que tiene un vestuario de trajes de todo para que sus seguidores se autoidentifiquen con ella y su carisma populista-demagógico crezca en los mercadillos del voto adonde va a predicar su tosco marujeo de "señora normal, aunque un poco aristócrata y con grandes influencias políticas que se va tragando pantagruélicamente hasta que llegue a ser la "lideresa" indiscutible de un populacho irreflexivo que no es capaz de plantearse la contradicción wentre su propìa vida personal patética y los deseos y las ínfulas egolátricas que arrasan hasta con sus ex-colaboradores o "amigos" para ponerlos como escalones en su carrera hacia el éxito: sabemos de muchos que no hablarán hasta que hayan muerto porque su estatus actual peligraría, pero que fueron fulminados y defenestrados cuando se oponían en su camino y no sólo el querido primo del beso falso, sino aquellos a quienes la maquinaria endemoniada que la conduce sobre cenizas de políticos ha creído pertinente echar a un lado en el reciente pasado; imposible dar más datos, el forzoso silencio de los cadáveres políticos lo paga el partido en otros puestos siempre bien retribuidos.
Esa imagen elaborada para vender mentiras, además de las políticas y económicas están todas las demás: la comida sana que resulta no serlo, las medicinas inútiles o las que sirven para enriquecer accionistas pero no para financiar investigaciones no venales a las farmacéuticas, los transportes decrépitos y el turismo embrutecedor que se hace pasar por ecologista y mundano, cuando sirve para mantener explotaciones salvajes que destruyen el medio ambiente y alientan las migraciones en busca de ese "dorado" del lujo consumista para los pueblos desfavorecidos, que son prostituidos, esclavizados, enajenados, expoliados, redistribuidos para abaratar mano de obra, masacrados a veces y demonizados como víctimas propiciatorias si es preciso para calmar los ánimos populares o colaterales del crecimiento de la riqueza que acaba siendo la de los de siempre a costa de todos los demás, con temporales regulaciones en forma de crisis económica que vuelvan a poner en su sitio a los pobres mientras los ricos se dan al arte y al lujo y los vagos mediocres buscan la fama en la cama o en algún programa de televisión con la colaboración de algunos colegas que se dicen profesionales de la imagen. Para todos ellos irá la pasta pero no mi respeto, lo siento, calaveras o cenizas pero nunca mierda.

lunes, diciembre 31, 2007

MADRID NO EXISTE (sigue de una entrada anterior, cap.1)
La inexistente capital del reino manchego tiene un burgomaestre arrogante y culto que sueña con ser presidente de un gobierno conservador-progresista (¡) por encima del deseo de sus socios. Tienen también una gobernadora, hermastra suya, que le envidia la elegancia del gesto y lo combate con intervenciones populacheras, como arrojarse a los brazos de los súbditos del reino prometiendo imposibles que los hacen felices y endigándole un puyazo en el costado a su hermanito cada vez que puede, o que aquel abre la boca y dice "YO".
La gobernanta es una hortera de cuidado, inconsciente de que en su lenguaraz discurso cotidiano mete la pata con frecuencia y no atina en los vocablos con tal de regalar los oídos de jubilados o besar carrillos de mocosos, mientras se deja besuquear por marujas preagradecidas que le gritan "¡guapa!". Acostumbra a vestirse de trapillo por un equivocado gusto populista y porque de mostrar sus galas de postín no podría destacar ni en los rastrillos de cotorras peleteras ni en los procaces actos partidarios. Pero tiene un punto interesante como "barbie" mil disfraces: siempre que puede se viste de otra cosa, como si una piel camaleónica prestada la pudiera asimilar de golpe a ella y su gobierno al grupo humano de bomberos, sanitarios, futbolistas, ciclistas, telegrafistas o frailes benedictinos, le da igual aunque no engañará nunca a las fotos con su sonrisa de pose y sus pulgares señalando su nombre escrito en la espalda, pues su afán es aparecer en las pantallas en calidad de miembro dirigente y ejemplar de cualquier cofradía del lugar. Tal vez, porque ella no tiene estrategia política en la cabeza mas que a través de una idea conductora con la que sublima realidades: algún día será la primera presidenta de gobierno del país, como lideresa carismática de los negocios de la derecha.
El burgomaestre, sin embargo, trata de ser sutil en su lenguaje de respuesta a la hiriente y fraternal gobernadora, prefiere postularse para todo y frente a todos a través de sus obras públicas, convirtiendo la ciudad en campo faraónico de proyectos inacabables con un horizonte olímpico en su esférico deambular, evitando mezclarse con el vociferante populacho al que gobierna sin ten er compasión por las víctimas urbnas que va dejando en cada cambio de aceras, árboles talados y zonas cero para construcciones monstruosas. Su estrategia es "por mis obras me conocereis, ciudadanos, cambiaré todo en apariencia para que nada cambie" en la sistemática destrucción de la imagen de ciudad que la memoria deja gris y adoquinada, ahíta del frío con abrigo de paño y la navidad de pavos y Chenchos.
Claro que ambos cuentan como cómplices de sus desfachateces oligocéntricas con la inestimable colaboración de una incapaz e inoperante oposición política que estuvo demostrando su impotencia paradigmática como las liebres de Esopo, dirimiendo "si galgos o podencos" mientras la subterránea corrupción y la infamante disputa por el cargo de ser nadie los abocaba a su papel de derrota en derrota. Y mientras otros se iban de "guateque" ellos cambia que te cambia candidatos sin carisma.
No es que del gremio de los públicos ciudadanos dedicados al gobierno o su resto, llamados políticos pudiera esperarse mucho más en la ciudad inexistente de La Mancha, donde aquellos vicios públicos no fueron nunca virtudes privadas y el tomate había de acabar espachurrado. Pero es que la ideología conservadora de la pragmática lideresa populista está cargada de oportunismo político pues, en realidad, lo único que le importa a ella y sus escuderos, tan dada como está a entregarse a los aplausos y parabienes de sus seguidores con promesas incumplibles, es el poder en sí mismo. Su predilección por el mal gusto en el vestir y sus humorísticas salidas de tono para justificar los agujeros de su programa no son otra cosa que el envoltorio de un soterrado corte fascistoide tipico de la derechona hispánica, con sus principios celtibéricos que recuerdan caudillos "porque entonces se vivía muy bien" o porque "sentaron las bases para el bienestar actual" (a esos, que estaban persiguiendo rojos no es raro que una dictadura les pareciera lo mejor), donde lo importante es ganar a sus oponentes con las armas que sean: si puede ser con la razón que le conviene en el pronto futuro de una inmediatez política, pero si no tirará de corruptelas secretas y amaños tránsfugas sin que le duelan prendas, puesto que todo se justifica en el clímax de su pirámide en poder ejercer su voluntad político-moral sobre las cenizas del enemigo. Y aunque la hipocresía de doble rasero mire casi siempre hacia afuera y no se le pasaría por la cabeza autocriticarse por mas que los hechos dieran razón de sus errores. Todo lo más, reconocer en privado un fallo de juicio sobre el que pasará por encima de inmediato sin dar lugar a la reflexión y mucho menos a rectificar en consecuencia por la terca realidad de sus meteduras de intuitiva pata.
En esta ciudad que no piensa, que crece y crece sin parar con el trabajo de los pobres y el beneficio de los ricos, con las obsesiones del poder y los fracasos de la justicia, donde mueren indigentes en la calle y mujeres apaleadas en los hogares, que se llena de luces navideñas que cuestan más a los ciudadanos que los programas de ayuda a los sin techo porque lo importante son los negocios, el comercio y las obras públicas para que el consumo desbocado no se pare nunca y los que mueran lo hagan de camino a un banco donde pagar hipotecas o a una tienda en la que comprar ilusiones que se frustraran al poco, donde las huelgas han de hacerse en plan salvaje y perjudicando más a los ciudadanos que a los patronos porque es la única manera de que les hagan caso, donde los pisos han alcanzado el valor de las joyas de la corona pero los sueldos siguen estando por debajo de los gastos mínimos para la mayoría de familias, en esta ciudad paleta y gris de funcionarios y manifestaciones en la que todo el mundo es bien recibido si tiene algo que gastar pero se echa a los que viven en zonas de próxima explotación inmobiliaria, de especulación y negocios turbios, hay muchas buenas gentes capaces de entregarse a los demás y la amabilidad todavía es paradigma de sus habitantes. Ahí es donde se puede decir que la ciudad no existe porque son sus vecinos quienes uno a uno hacen posible cada día y cada noche el milagro de la relación humana, a pesar de la política. Aquí nos ha tocado vivir y buscar entre la gente sonrisas y gestos sinceros, o al menos la satisfacción de que hacemos nuestro trabajo lo mejor posible.

lunes, diciembre 03, 2007

ACERCA DE LA IGLESIA CATÓLICA.
Lo más importante y quizá lo único que al final resista los tiempos de cambio del pensamiento humano que ofreció el cristianismo fue, como dice Coetzee, la actitud no vengativa de Jesús al ofrecer su otra mejilla al ser abofeteado. Mucho más que su pretendido carácter ecuménico, con el que rompía el etnicismo judío y que ha llevado hace poco en Londres a impedir dar ingreso en una sinagoga a un niño para su incorporación religiosa por causa de no haber nacido su madre como judía. Un ecumenismo, el de los cristianos, que fue la primera teorización de una globalización y que tanto ha servido a católicos y protestantes para erradicar las viejas creencias y con ellas las culturas ancestrales de los pueblos que llevaban a su talego en América, Asia, África u Oceanía, convirtiéndolos en sombra de lo que fueron sus civilizaciones.
Lo peor de todo en la religión cristiana y muy especialmente en la versión católica es el poder de humillación de sus creyentes (que comparten con el Islam) y la obsesión por mantener el poder sobre los hombres que ha demostrado con toda crueldad la organización mafiosa con sede en el Vaticano, creada a partir de un mito con buenas intenciones por parte de un puñado de fanáticos en épocas de ignorancia y vulnerabilidad extremas de la razón, para alzar contra la Humanidad todas esas mañas torticeras y vengativas, con ejércitos salvajes que exterminaban a quienes no podían convencer y domeñar y con ideólogos del sufrimiento a las órdenes del Papado (con toda su "santa" Inquisición, sus frailes guerreros y los ejércitos imperiales aliados al Vaticano) o de las sectas reformistas que disintieron en algunos aspectos pero siguen su camino ignominioso (Calvino quemó a Servet y los fundamentalistas anabaptistas fueron los que quemaban brujas en Salem y otros lugares, por ejemplo). En Italia es conocida la bendición papal a los cañones de Mussolini y los obstáculos puestos para salvar del holocausto a miles de víctimas por parte del Papa Pio XII.
En la España actual, y tras apoyar incluso con las armas a los golpistas de Franco y a los terratenientes de cada pueblo para derrocar la República democrática, llevar bajo palio al dictador y forrarse con los negocios a su vera, denunciar y hasta disparar contra los obreros (en la plaza de la Luna de Madrid hay una iglesia desde cuyo campanario hacía de francotirador el cura hasta que le pillaron, por poner un ejemplo cercano), después de años de ignominiosa colaboración con todo lo que fuera reaccionario y predicar en sus iglesias contra los progresistas, ahora se muestran de nuevo como vulgares "pecadores" que llenos de venganza e ira son incapaces de reconsiderar los males que hicieron a la Humanidad y mas concretamente a los españoles y que siguen haciendo hoy desde los púlpitos atacando a un gobierno legal que es tan tonto que aún les da dinero y los acompaña cuando proclaman cardenales. Pero, es que además de resultar tan ridículos como es para quien razona todo fanático cuyos principios resultan ser patéticamente infantiloides, y tenemos el curioso caso de su "infierno y purgatorio" y del limbo ese en que no se sabe si caben los no bautizados y los inocentes de antes de que hubiera bautizos. Resulta que la "justicia divina" cambia de leyes entre Papa y Papa y Juan Pablo II acabó con el purgatorio y el limbo, pero este Benedicto "el duro" los vuelve a recluir con gran follón para las almas interfectas y sus parientes que habrían dejado de rezar y echar pasta en los cepillos de las parroquias por ellos y ahora se los vuelven a encontrar condenados al fuego temporal. Pasará como en la anécdota del Conde de Villamediana (que me cuenta un compañero) que dio una docena de ducados a un fraile para sacar una docena de almas del Purgatorio y una vez cumplida su limosna arrebató los dineros de manos del cura a sabiendas de que quienes han alcanzado el cielo ya no pueden volver al castigo, puesto que fueron perdonados. Es tan absurdo como lo de las famosas huríes musulmanas que el Profeta concede a los mártires de la Yihad en el paraíso de Alá, que debe estar al lado del de Yahvé y del del trío católico al que esperan ir seguramente los del trío de las Azores, puesto que su combate es, como el de la Iglesia carpetovetónica franquista, una cruzada contra el Mal. La zona del Universo donde estén esos paraísos debe haberse convertido en lo contrario, un campo de batalla entre partidarios de unos dioses únicos que son todos verdaderos y excluyentes, con doctrinas estrictas sobre todo respecto al sexo, porque robar y matar parece importarlos menos. Esperemos que los Budas monten una conferencia de Paz celestial, a la que pueden invitar a los hindúes y otros dioses como observadores porque sino va a ser preferible ir a los Infiernos (cada uno al suyo) pues los cielos van a arder en guerras interminables (y ya no siento las piernas...)
Lo cierto es que son las ansias de Poder lo que han movido siempre a esas prácticas rituales bárbaras y a las masacres llevadas a cabo por pudibundos creyentes, incluyendo torturas sofisticadas como las que se conocen hoy en día de la Inquisición y sus secuelas baptistas (y en las que no servía de nada confesarse culpable si no era para morir antes y acabar la insoportable tortura, eso sí empujando a algún otro inocente a las zarpas terribles de aquellos sádicos porque su instinto criminal era insaciable). Torturas que llegan hoy día en manos de los puritanos cristianos a Guantánamo, Abu Graib y Afganistán, del mismo modo que los obispos y sacerdotes argentinos y chilenos católicos ayudaban a "confesar" y robaban los hijos de los asesinados en las dictaduras de Pinochet y Videla, y que antes lo hicieron los muchos curas españoles fascistas.
Todo eso excluye la compasión supuestamente cristiana y el perdón del que presumen sacramento en las confesiones, una estupidez tan grande como la transustanciación divina y el carácter permanente de los matrimonios que tantos creyentes se saltan a la torera (lo cual es lógico y normal, creo yo por otra parte) pagando a la Iglesia en el Tribunal de la Rota o buscando la manera de que les den nulidad para volverse a casar una y otra vez (que me parece muy bien, repito, aunque sea inconsecuente).
El problema es que la egolatría pedante y fanática de quienes se creen en posesión de la Única Verdad posible (aunque cambiante con los tiempos, ya que los pecados y sus penitencias han variado desde que yo era niño y mucho más en generaciones) les convierte en seres llenos de soberbia y vanidad que se creen con derecho a imponer, siempre y como sea, sus criterios "inmutables" con comportamientos tan execrables como estúpidos. Son auténticos malvados que luchan a muerte por el Poder en la Tierra, ya que la mayoría saben que el Cielo es una entelequia y todas sus doctrinas religiosas el medio de que se valen para imponerse y vivir como dioses sin tener que ir al cielo.
Algún día, espero, la Humanidad guardará un recuerdo muy doloroso de las religiones y pondrá los medios para que locos como esos no puedan tener poder y mucho menos difundir sus absurdas ideas. Pero, ahora, al menos deberían pedir perdón por los males evidentes que hicieron no hace tanto si quieren tener un mínimo de respeto por los no creyentes. Si fuera así, no nos importaría que predicaran sus patochadas y que los tontos que se las crean les mantengan económicamente. Mientras tanto, soy de la opinión de que sería conveniente suprimirles todos los privilegios e ilegalizarlos como a los que atentan contra las demás libertades. Pero esto sólo es una opinión y en ningún caso se me ocurriría perseguirlos ni boicotear su terrenal gobierno como hacen ellos con quienes discrepan y mucho menos utilizar violencia alguna en contra suya. Que los mitos y los ritos ocupen su lugar en la Historia y dejen de joder las historias de la gente.

viernes, noviembre 30, 2007

No puedo soportar el cielo
No puedo amanecer dormido
No puedo levantar la claridad del mar ni el polvo de la tierra.
Mi garganta se estremece en el sueño.
Mi voz se pierde en la roca.
Mi aliento no llega a los labios
y los párpados mordidos por la rabia
se me antojan olas de tormenta.
Y los cabellos ardiendo en furia se derraman como bestias
embravecidas por el tántalo.

Creo que hay un espacio minúsculo
entre cada gota de agua que brama
donde caben espantos sin destino.
Y una boca enorme y sucia
quiere tragarlos para clamar odios y venganzas.

Creo que existen huecos de misterio
entre las certidumbres del pecado
y las culpas se defienden como monstruos irredentos
del salpicar de las olas muertas.

Sospecho que Dios se ríe de nosotros
cuando mira la pantalla de la vida
y decido a morir ahíto de nada
para que al menos le estallen los ojos en la angustia de la espera.

Sé que estoy solo
y no me quejo
Porque enfrente está el desierto
y detrás el océano del sueño.
Pero aquí
en el punto ígneo del yo
un vacío ha rellenado el Tiempo
y la grotesca Historia de los hombres
se ha revelado rota y ciega.

El mundo morirá sin mí cada noche
el día que mi aliento deje de bendecir los pasos perdidos
en los bordes que afilan los silencios
Y el olvido se asentará en las miradas
de los que hoy recuerdan mi nombre.
Bendigo los días que hoyé la arena del Tiempo
pero no me dejaré arrastrar por la nostalgia
el instante antes de mi último disparo químico de neuronas
en el tálamo.
Ni siquiera pienso decir adiós.

miércoles, noviembre 28, 2007

LA REBELDE REALIDAD
La realidad es muy rebelde y no se atiene a objetividades, por eso se pueden decir cosas que no han pasado y de tanto repetirlas llega un momento que parece que si hubiesen sucedido. La realidad es un compromiso entre seres humanos que ponen así un marco de vida en el que se dan por sentadas muchas cosas que sólo lo son para quienes están en el ajo. Y no lo son para cualquier animal, ya que como cuenta Coetzee en su último libro, a un pájaro cojo no le duele la patita, sólo sabe que cuando quiere volar no puede, esa es su realidad. Por eso sucesos como lo de Chile, con un ceporro (que quizás tenía razón, pero eso es otro asunto, empeñado en que le pidan disculpas y un rey que se sale de su papel para mandar callar, únicamente se puede solucionar con la buena voluntad de entenderse que las mentiras diplomáticas tejen a diario y la paciencia, que es el tiempo humanizado para no pegarse o irritarse en torbellino. A mí me pasa a veces como a Chávez, dicen mis próximos, que me enfado, me voy cabreando poco a poco más y termino por dar voces, insultar y quererme comer el mundo, aunque luego sea un corderillo que no se como una rosca. También le pasaba eso al magnífico actor que fue Fernando (el de la silla, claro): alguien le tocaba las narices y su mala leche subía y subía hasta mandarlo a la mierda, como en esos paquetes que se autocalientan al quebrar dentro una barrita de nosequé y alcanzan una temperatura increíble en pocos minutos. Sé de un periodista que le fue a entrevistar a su casa y, después de serle ofrecido café y todo eso, le preguntó si había leído sus memorias. El hombre se justificó, con razón porque sé que lo había intentado, diciendo que no encontró su "Tiempo amarillo" en ningún sitio porque estaba agotado. Y, a partir de ahí ya todo fue de mal en peor. Una pregunta acerca de su opinión sobre un asunto de la guerra civil (motivo, por cierto, de la entrevista que era para sacar en un libro de gente que había vivido el cerco de Madrid) le disparó la iracundia. Ya no dejó mas hablar al entrevistador al que sacó con cajas destempladas hasta la puerta. Entró en santa cólera gritando "si, odiaba a los rojos, era eso lo que quería oírme" y mi amigo se encontró en menos de lo que se tarda en contarlo en la puerta de la calle, con la grabadora aún funcionando y preguntándose a sí mismo ¿pero qué he hecho yo mal?. Cosas del carácter. aunque ahora parezca envuelto en su flamante bandera rojinegra que era el colmo de la rojería. Paradojas.
Pues bien, la realidad es también muy jodida. Unas veces se empeña en demostrar que 550.000 manifestantes no caben a no ser que tengan la propiedad cuántica de la yuxtaposición como los fotones en los láser, unos en el mismo sitio que otros, entre 25 y 30 por metro cuadrado, sin lo que en esa ciencia física se llama "exclusión de Pauli" que no tiene nada que ver con las ediciones paulinas, pero los de la AVT se suponían más de medio millón. La realidad nos la inventamos cada día y, por ejemplo, "una mano es una mano" en fútbol si el árbitro lo ve y la sanciona como penalti al producirse en el área de portería, pero deja de serlo aunque protesten los del equipo desfavorecido y no llega a convertirse en realidad aunque haya tocado la pelota con la mano hasta el Tato. La convención del juego pasa por las decisiones arbitrales, como en los tribunales se puede tener la seguridad de que alguien es culpable o inocente pero hay que probarlo y los jueces han de aceptar y sancionar la sentencia. No obstante, hay difusas "realidades" que siguen estando en las cabezas de algunos "conspiranoicos" y les hacen pensar que "digan lo que digan los jueces" lo cierto es que ETA estaba detrás del atentado del 11 de marzo de 2004, y si ellos se lo creen independientemente de que toda evidencia diga lo contrario generan una visión de realidad propia y eso les da para mantener su público, vender sus periódicos, sus libros y su electorado creyente en magias potagias de las iglesias o "delossantos", "jotas" y "pepememeces" de turno.
Como es una realidad completamente absurda para cualquier persona en su sano juicio en este continente (y en otros) que no se debe castigar como han hecho en Líbano a una maestra con 20 latigazos por permitir que sus alumnos llamen "Mahoma" a un peluche. Y, mucho menos por la tremenda gravedad de la cruel pena, a una pobre chica que había sido violada por varios cabrones en esa Arabia Saudita con la que se hacen tantos negocios, y a la que se quiere meter 6 meses de cárcel y 200 latigazos por considerarla culpable de ello: encima que la violan tiene la culpa por hablar con ellos e ir con un hombre que no era su dueño (esposo, padre, hermano) sino un amigo. O que en Palestina (y tantos otros sitios) se siga asesinando a chicas jóvenes por parte de sus deudos al haber perdido la virginidad lo que consideran una afrenta familiar. Todo eso forma parte de una realidad que debería estar muy alejada en el pasado, pero seguro que a quienes mantienen aún costumbres bárbaras y adoran a dioses o libros santos en los que se santifican aquellas, les debe parecer lo normal de la vida. ¡Maldita realidad!
Tan normal, tal vez, como que se regale, sin mirar si lo necesitan sus beneficiarios, cheques de maternidad o de otras cosas y que, como comentaba hace unos días otro periodista había escuchado en una tienda, se destine por parte de gente que no necesita esa ayuda a comprarse un televisor de plasma porque le hace ilusión a su marido. Toma ya... ZP, pa que tenteres. Y es que todo lo que es igual para todos resulta ser un error que aumenta las diferencias y por eso es progresivo cobrar impuestos según la riqueza. Mientras la absurda consejería de "Educación" de Esperanza Aguirre piensa exigir a los colegios que se gasten 3.000 eurazos en patrióticas banderas aunque se lo tengan que quitar de los gastos corrientes, como calefacción o arreglos de las clases. Que el alcalde de esta ciudad llene de bombillitas navideñas de diseño las calles tras apagar 5 minutos un día un par de edificios para ahorrar. O que ahora vaya a dirigir los recintos feriales de IFEMA el presidente de una constructora que no ha cumplido sus compromisos con la empresa ferial y tiene intereses directos en los nuevos pabellones; o que en Murcia unos 20 cargos electos del PP estén "presuntamente" implicados en corrupción inmobiliaria y el presidente de ese partido en Castellón lleve años investigado y perseguido por una realidad que se empeña en ser otra cosa distinta que el mundo de sus negocios enredándose con las obligaciones públicas propias de su cargo y los de sus amigos y socios. O que una dirigente sindical de Banca de CCOO tenga tantas propiedades y negocios que mejor debería ir a la CEOE y además confesar cómo ha obtenido todo eso y si hace negocios con el sindicato, porque yo que trabajé en Banca y la conocí cuando aún éramos clandestinos y he visto a muchos dirigentes corromperse (recuerdo como precisamente en el Santander desaparecían con un pastón en los 80's nada más salir elegidos porque la dirección les llamaba y "convencía" y no sólo a uno), no creo que lo suyo sea trigo limpio, pero, además es que cuando se representa a otros lo primero tiene que ser la honradez y las cuentas claras.
Y así está la realidad, hecha un lío que no se encuentra. Como decía Manuel Vázquez Montalbán, al que sigo echando de menos más por sus comentarios políticos que por su novelística (que también) "¡qué tiempos éstos en los que hay que demostrar lo que es evidente!".

jueves, noviembre 22, 2007

EL ARBOL DE ANNA FRANK Y LA DIPUTADA DEL PP
Una diputada del PP ha soltado la gilipollez (supongo que con Z de zapatero) de que permitir la despenalización del consumo de cannabis (solo defendida por IU, que por eso tiene muchos votos juveniles) sería cometer un genocidio.¡Cómo se puede ser tan animal para comparar el holocausto de Hitler o las masacres de Stalin, Mao o Polpot por hablar de genocidios conocidos del siglo XX, o lo que hizo el Imperio español en América y la Inquisición católica en Europa con quienes tenían otra forma de pensar o vivir, con la libertad de personas adultas para disfrutar o dejar de padecer dolores por medio del uso de una sustancia que, sin tener que llamarla beneficiosa si no quieren, como es la marihuana o el hatchís alivia y tranquiliza!. Algo que miles de artistas (hace poco lo decía en una entrevista Barceló, pero es que a nadie le parece raro más que a los hipócritas que la gozan en privado pero presumen de virtudes públicas), profesores de gran prestigio, como Savater, y la mayoría de la juventud sin prejuicios saben que, sin ser inofensivo, porque hasta respirar es tóxico (el oxígeno abrasa las células y produce radicales libres: ¡qué barbaridad!, radicales y además libres) y no digamos comer las porquerías llenas de grasa, conducir automóviles asesinos, o tragarse sus emisiones pestíferas, beber todos esos productos llenos de conservantes y colorantes, además de las alcohólicas, follar sin condón, etc. es decir, vivir la vida misma, con más placer y menos dolor. ¿por qué no prohíben todo menos la misa con comunión diaria y el robo y la mentira políticas que tanto practican los representantes conservadores?.
Por otro lado, en Holanda, donde los derivados del cannabis pueden ser consumidos en algunos cafés autorizados, un juez ha evitado que fuera cortado un maltrecho y casi seco castaño que simboliza aún las ansias de libertad de aquella adolescente judía llamada Anna Frank que, escondida en un ático de enfrente hasta su arresto y envío a un campo de exterminio nazi (aquello si que fue un GENOCIDIO: cuando a un pueblo o parte de él se lo conduce por motivos de raza, religión o ideas a su exterminio), miraba cada día crecer y florecer viendo pasar la vida con su cambio de follaje. Anna de la que ahora se hacen hasta musicales sin por ello llevar a la reflexión de mucha gente que sigue basando su vida en prohibir la vida de los demás, perseguir a los disidentes, llevar a la gente a guerras que no desea ni les atañen los intereses económico-políticos que en ellas se dirimen, mentir a sus representados y gobernados y todas esas auténticas encarnaciones del mal en la Tierra tan vigentes entre las gentes "de orden" o sea los conservadores tipo PP aquí o P. Republicano allende los mares, no sabía que estaba dando una lección de libertad escribiendo sus intimidades.
Las dos noticias no parecen tener relación mas que por la palabra GENOCIDIO, utilizada demagógicamente y con la hipocresia habitual por una diputada de derechas y la representación del deseo de libertad que ese árbol achacoso nos presenta cuando se estaba llevando a cabo un genocidio de verdad y contra el cual nunca se hizo lo suficiente para evitarlo. ¡Que se vayan a hacer puñetas los prohibicionistas y nos dejen en paz!.

martes, noviembre 13, 2007

MADRID NO EXISTE (cap.1)
La ciudad no existe. Pero su sombra azul se despereza y alarga las arácnidas patitas quejándose de dolor de cabeza, ojos legañosos y aceras aún sucias de sangre y vómito del fin de semana. Tres o cuatro mujeres murieron de asesinato natural, pinchadas en el vientre treinta veces, quemadas con ácido y gasolina, atropelladas, vapuleadas a golpes de puño y bota por sus maridos amantes, sus amantes novios o sus ex-amados novios, esposos o amantes que encontraron más fácil desahogar su bilis rabiosa de arrogantes machitos heridos en el cuerpo que habían profanado mil veces, mintiendo "te quieros" y hendido con su podrido pico de vitriólico esperma, sudorosos, borrachos, quizás incluso cariñosos un día de cumpleaños, o aquel lejano instante en que juraban "eterno amor". Mucho más fácil ahogar el propio miedo, la impotencia y el desvalimiento emocional en sangre y fuego de la otra, de aquella tan tierna que reía, la muy traidora seguro que se reía de mi y no conmigo, cuando le dije que sería "mi reina siempre, sólo mía y de nadie más", mientras ella asentía con aquella dulzura, seguro que impostada, ... la muy... seguro que me era infiel... y eso se paga con la vida". Mucho más fácil es hendir el hacha en su cráneo como un sexo brutal, "eso les gusta a ellas ... que las fuercen, las posean con violencia, las tomen por detrás y las rompan, haciéndoles gozar aunque se quejen."
Muchísimo más fácil demostrar quien es el amo, el patrón de la casa, por más que en familia digan que es ella, la jefa del hogar, mirándola con furia, apretando los dientes y llamarle cariñosamente "puta" al oído, al follarla, para que sepa que el hombre, el macho, el bruto más civilizado es capaz de disimular cada día ante el resto del mundo un amor invisible, siendo de hecho y de derecho, lo digan o no las malditas leyes modernas, quien ordena y manda, señor y dador de vida... o muerte. Antes de que me deje, antes siquiera de que lo piense o lo sueñe, lo consulte a sus amigas o a un"asesor legal" de cualquier tipo, un maricón o una bollera que le aconsejen dejarlo. Antes de que dude, la mato. Es mi mujer. Mía y de nadie más. No estará libre nunca más para hacer lo que quiera, para irse con otros. ¡No! Nunca nadie meterá su sucia polla donde estuvo la mía, a no ser que sea en una maldita puta. Y yo no tengo por pareja a una zorra. Si ella quiere serlo, si quiere irse de mi, escapar de mis brazos, dejarse joder por otros, no puede vivir ni un día más. El amor es eterno y hoy es el día del juicio final. Su castigo, la destrucción total. No hay perdón, ni olvido. Porque me ha humillado con solo pensar que podría escapar de mi poder absoluto, que podría llevarse a mis hijos con otro tío que se hiciera pasar por su padre. ¡Mis hijos! Habrán de morir también para que sepan que su padre los quiere tanto que no los dejará vivir en este mundo con una puta y un cabrón, haciéndose pasar por su falso padre. Antes muertos que descastados. La arrojaré por la ventana, la destazaré y luego, si hace falta, me mato yo también.
Mucho más fácil que pedir perdón, que olvidarse del fracaso natural del amor romántico, que tragarse los embustes de la Iglesia y de todas esas tradiciones que cuentan que "vivieron felices y comieron perdices hasta el resto de sus días" Mucho más fácil que decir "lo siento, creo que nos equivocamos, que fue un error lo nuestro y aún podemos enmendar lo hecho y reanudar nuestras vidas en otro punto, para ver si la próxima vez tenemos más suerte, o cuando menos no hacemos sufrir a nadie."
La ciudad no existe si no es como un lío de relaciones violentas, de humillaciones y condescendencias para evitar ser víctimas del poder execrable de ellos, los de siempre, ya se sabe, aquellos que mandan por las buenas o por las malas, los que se erigen en presuntos líderes del honor y se pretenden héroes con capacidad de martirio para los otros. Esos que matan a un extranjero por que no les cae bien su color o su acento, lo dejan parapléjico o lo queman vivo, quienes están en posesión de la verdad absoluta y del privilegio de los valores supremos: Dios, la Patria y la Raza. Tres entelequias que les suenan bien porque las aprendieron de niños en la familia, la escuela y la iglesia y a base de humillaciones, que ellos llaman disciplina y severa obediencia, temor de dios y orgullo de ser lo que son, sea lo que sean, han hecho crecer con himnos y consignas guerreras hasta el punto de ebullición, ese en que crece la emoción con adrenalina y se ciegan los pensamientos racionales, el límite de catástrofe en que un animal ataca o huye, pero que al punto de racionalización cruenta no se permite escapar y pone todo su embite en la punta del puñal o la garrota.
Los he visto tantas veces, incluso yo mismo he sentido ese arrebato a veces y tenido que controlarlo, si no es que he optado por la huida. Pero un valiente no huye, muere en la lucha o vence. Es decir, cuando toda razón es vana, se convierte en un asesino, se aboca al precipicio absurdo en que no hay paso atrás. Y una vez que se mata... ¿podrá mirarse en un espejo y reconocerse humano?. Aunque quizás no le importe. Tal vez nunca se arrepienta.
Pero, en esa existencia de calles apagadas que van despertando en un amanecer de tontos en automóvil, de voces gritonas en altavoces de radio y malas noticias en todos los informativos, de madres cansadas que despiertan a sus niños para ir a la escuela y padres cabreados porque han de lidiar un día más con la vida, tan aburrida y dura en el tajo o el despacho, los trenes llevan sardinas y los autobuses caballas, el río metálico de cláxones tartamudea entre luces verdes y rojas y las fuentes de las plazas escupen chorros de envidia para asustar a los pájaros negruzcos y las palomas cojas.
No obstante, entre toda esa mugre vocinglera y cutre, en el marasmo de anécdotas sutiles, allá donde se cruzan lo caminos de la gente y se producen frases categóricas o negocios minúsculos hasta la hora en que abran los bancos y las bolsas que manejan el cotarro verdadero, siempre hay una risa inaprehensible, un sueño lúcido pero improbable, una frase amable, aunque sea falsa, un gesto cortés de una antigualla que cree aún en las palabras.
Todo lo demás son en realidad recursos del poder, miedos convertidos en retóricas, voces del sistema que maquina siempre con mecanismos de intercambio ficticio, con imágenes falsas en las que los pobres ven reflejado su candor o su malicia y los que están detrás del azogue plateado y transparente un tobogán de pasta, una montaña rusa sin final donde el pánico controlado extrae vuelta tras vuelta los cuartos y las vidas de quienes llevados por el subidón adrenalínico del día a día, al extasiarse de su autosatisfacción imaginaria, producen en el mercado un flujo goteante de sus entrañas que rellena a cada instante el inmenso embalse azul de las cuentas corrientes de sus amos, los que gobiernan este sinsentido social, esta cochambrosa ruina de civilización mediocre en sus principios y cruel en sus métodos de progreso, que está cada vez más cerca del caos, pero que se cree, por la ilusión falaz que promueven las comunicaciones protocolarias, capaz de llegar desde el infierno hasta la nada, ese lugar de paz en que descansan tranquilos los políticos y los banqueros.

lunes, octubre 29, 2007

Prestigio social, Fama, Carisma.
Hoy nadie parece poner en duda ya el clasista sistema social del capitalismo con sus privilegios y sus obligaciones, dado que su pretendido antagonista "el comunismo" que nunca estuvo fuera del mercado mundial y, por tanto no podía mostrar su bondad como tal, al tener que someterse a las leyes globales de la oferta y la demanda. Además, quienes lo dirigieron demostraron ser unos ineptos corruptos mucho más interesados por su propia posición social que por lo que decían defender en sus programas. Todo aquel pretencioso sistema alternativo fue uno de los mayores desastres para la Humanidad del siglo XX, porque estaba pensado desde arriba y con casi todos los problemas de aquel al que decían sustituir sin solucionar, agravándolos incluso con el traslado masivo de poblaciones o su exterminio cuando no eran dóciles a los nuevos dirigentes, la mala planificación de los recursos, la corrupción casi absoluta de las burocracias que gobernaban en nombre del proletariado o las clases desposeídas, las cuales seguían estándolo, pero ahora trabajaban para alcanzar la máxima ineficacia con el mayor desinterés, aunque se les instase a cumplir las previsiones de planes absurdos en los que no sacaban beneficio, pues casi todo el montaje económico se destinaba a gastos y fastos militares o asuntos marcianos.Yo recuerdo haber visto en Checoslovaquia tipos de zapatos de una sola talla, e incluso me contaron que los había de un único pie para conseguir batir el record productivo, tan kafkianos como la mente que los había encargado y, en la Rumania de Ceaucescu me contaba una periodista de allí que tras importar unas vacas lecheras carísimas pero que no fueron bien tratadas por los "especialistos" del lugar y fallecieron y, ante una inminente visita del insigne líder, hubieron de falsificarse, pintando a otras las manchas de color que tenían las originales: la leche que daban, por supuesto, tampoco era auténtica. En nombre de aquella utopía se cometieron las mayores barbaridades, desde luego, lo que llevó a la desesperanza a muchos más de los que la siguieron, y aún no ha terminado en realidad, puesto que la llamada "China comunista" es una catástrofe desde el punto de vista del igualitarismo o la solidaridad en la que ya hay varios miles de supermillonarios ligados todos ellos al Partido comunista en el poder y las desigualdades se consolidan en lugar de reducirse. Empiezo por ahí para que no haya dudas respecto a la autocrítica imprescindible que debemos hacer todos quienes algún día nos tragamos aquella gran bola (y eso que yo era trotskista y, por lo tanto, antiestalinista y seguidor de una teoría que creía en la democracia de base y la libertad política para todos).
Pero, lo cierto es que el mundo que nos ha quedado está hecho una mierda.
El capitalismo ha alcanzado sus más altas cotas de explotación y destrucción del propio planeta que habitamos, la corrupción se ha extendido a todos los niveles y a todos los países, las guerras son más terribles que nunca y las siguen encabezando los de siempre (Eisenhower denunciaba al final de su mandato y comienzo de la de Vietnam que había que tener mucho cuidado con el lobby militar-armamentista y desde luego que él era conocedor de sus peligros, tan extendidos hoy que los gobernantes del gendarme global están financiéramente comprometidos con las compañías privadas que organizan y se lucran con las guerras, con la disculpa de la seguridad: Cheney, Rumsfeld y el mismo Bush). Los fantasmas del hambre y la miseria o de las enfermedades, que podrían ser aliviadas entre los pobres si se invirtiera en ello en lugar de financiar ejércitos privados para expoliar las riquezas de esos países (del petróleo a los diamantes, pasando por los metales, la madera, la pesca y los cultivos, etc), se han agrandado en tal medida que ya están llegando a insensibilizar a la gente por su cotidianeidad. Han surgido nuevos problemas y nuevas respuestas, a cual peor, a la incapacidad para arreglar el mundo: de las revoluciones locales se ha pasado al terrorismo global, de los movimientos migratorios zonales o temporales se ha ido a un continuo desangramiento de los países más pobres cuyos jóvenes huyen en busca de lo que las televisiones y las películas les muestran como una especie de paraíso del consumo y el bienestar, aunque luego encuentren la muerte en el camino o la sobreexplotación y el maltrato racista allí donde sus ilusiones acaban.
Y, lo peor de todo es que ya nadie pone en duda al sistema de explotación, corrupción y destrucción medio ambiental en que vivimos, porque la gente ha perdido la esperanza de que pueda existir recambio. Unos pocos utopistas levantan la consigna de "Otro mundo es posible", pero ni siquiera son capaces de organizar un partido democrático que compita con posibilidades de ganar a los ya corrompidos por el sistema, que se turnan gobernando.
Pero no era de esto de lo que quería escribir. En realidad yo quería entrar en asunto sociales como el prestigio, la fama y el carisma, los cuales parecen haber cambiado bastante en las últimas décadas en función del cambio operado en la propia sociedad, perdidos viejos valores de solidaridad entre los miembros de una comunidad al ser sustituidos por esa infecta exigencia de éxito individual por encima de todo.
El prestigio social, un sustituto del verdadero afecto del grupo hacia un individuo, ahora se llama fama o pánico al fracaso. Se ha envilecido el respeto al poder hasta un grado humillante que se confunde con el servilismo para no ser alejado de sus privilegios en todos los niveles o marcos sociales y profesionales como si estar junto a los dirigentes fuera una panacea para sobrevivir; o, contra ellos, en el caso de apuntar por una futurible opción.
Quien carece de algún prestigio prestado (o hipotecado, casi siempre) es un apestado, alguien menospreciado e incluso despreciado en el ámbito de sus relaciones. Por eso, la hipocresía y el disfraz tiene tanta relevancia, dado que ocultan o agrandan la realidad del sujeto que hace un conspicuo uso de ellas. Y, por eso, la difamación o mala fama son lo peor que le puede ocurrir a alguien en su grupo social; peor incluso que el fracaso real o la incapacidad para llevar a cabo su tarea, ya que éstos últimos pueden encubrirse pero es casi imposible lavar la imagen dañada por maledicencias.
Vivimos en una sociedad explotadora, en la que unos viven a costa de otros pero tienen que aparentar que merecen ser ricos e incluso que son bienhechores sociales (como hacen los bancos y grandes empresas al destinar una parte minúscula de las plusvalías obtenidas en turbios negocios para crear fundaciones de arte u otros objetivos de prestigio social, pretendídamente filantrópicos, pero que desgravan sus impuestos y lavan su imagen).Del mismo modo que los tiburones de las finanzas y negocios inmobiliarios gustan organizar su prestigio haciendo creer que su labor es hacer el bien social (no construyen para forrarse, sino para que los que van a pagar tengan donde habitar y ser felices). Incluso hay narcotraficantes y vendedores de armas como los de los cárteles colombianos que han sido alabados por sus conciudadanos como próceres benefactores. Muchos políticos juegan ese papel ordenando obras o proyectos legales con el dinero público, eso si, que aparentan engrandecer su ciudad o comunidad, su nación o lo que sea cuando lo que tienen en mente es su propio ego y los intereses bastardos de la gente que los sostiene y que, naturalmente, habrán de salir muy beneficiados con los proyectos aprobados y ejecutados. Los hay incluso que, tras haber gozado del favor público alargan su vida social aprovechando inmoralmente las influencias políticas obtenidas gracias al puesto que ocuparon cuando fueron democráticamente elegidos, pero que una vez fuera de tamaña responsabilidad no dudan en utilizar con fines espúreos (como esos antiguos concejales del ayuntamiento de Madrid ahora en empresas privadas relacionadas con su anterior cargo, o ese expresidente del gobierno, implicado en la manipulación informativa de la realidad ya cuando lo era, pero que después se ha recorrido el mundo haciendo profesión del ataque al gobierno legal de su nación, aunque se considere un gran patriota).
todo el mundo conoce esas cositas, pero entre los seguidores de tales sujetos parece natural e incluso muy inteligente esa clase de corruptibilidad de los exdirigentes, lo cual debería repugnar a cualquier buena conciencia, pero en esa clase de ideología del triunfador parece que se ve como la coda de su carisma.
Se debe eso a que un valor de enorme importancia en el pasado como es esa forma de prestigio social que llamábamos honestidad se ha corrompido por el mismo sistema en que vivimos. Así, si lo importante es triunfar como sea, imponer un criterio a toda costa para ganar y extender la capacidad de consumo conspicuo entre los seguidores y los métodos de enriquecimiento, aunque incluyan falsedades y trampas ésto resulta secundario, no importan ya los medios de llegar sino el fin último, que es ganar, triunfar, dominar.
Y, así, los que originalmente constituía el prestigio social: la honestidad, la honradez personal, la bonhomía y la generosidad han acabado siendo sustituidos por la riqueza inmediata, la astucia tramposa, la capacidad de encubrimiento y manipulación, los métodos de destrucción del contrario y la fama (aunque sea por malo) y otros pseudovalores más acordes con el triunfo del propio ego sobre los demás que con la solución de problemas sociales.
Hoy, el carisma se logra haciéndose famoso por simpatía, mintiendo a diestro y siniestro, aparentando ser lo que otros quisieran ser y, sobre todo, saliendo mucho en la tele para ser reconocido por la calle, muy al contrario de lo que fue antes ese aura que iluminaba a los personajes ilustres que se daban a la sociedad sacrificando su propio interés por el colectivo y que ésta les reconocía con su apoyo y hasta su cariño, a veces mucho después, pero que era sentido como una necesidad de entrega llena de generosidad por el individuo y no como la manera más corta para lograr el éxito.
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lunes, octubre 22, 2007

Más elementos de reflexión sobre el terrorismo:
Las dos caras de la postmodernidad actual: 1, consumismo y despilfarro capitalista con la exacerbación de las diferencias económico-sociales a la vista y al sentir de la inmensa mayoría de la población mundial, por un lado; y 2, los fundamentalismos religiosos-culturales (también de carácter económico, como en la escuela de Chicago de Milton Friedman, que atacó a Chile otro 11 de setiembre para derrocar a Allende y poner a su servidor Pinochet, o como lo fueron los sistemas de tipo soviético hasta su implosión) ante la idea frustrada de mejorar el nivel de vida popular y la amenaza del laicismo entre los creyentes, que temen las tentaciones a su vulnerable fe.
Ahí están, pues, el carácter del capitalismo financiero intervencionista global, a través de multinacionales agresivas y tiburones bursátiles, que busca beneficios a toda costa y arrasa todo sin respetar ni la naturaleza misma del planeta ni la idiosincrasia de los pueblos que esquilman, ni la estabilidad social y política de los países, ni las costumbres religioso-culturales de las sociedades ni el carácter amoral de ese impulso eoísta y predador de quedarse con todo, porque mercadea con cualquier cosa y corrompe a las élites de las sociedades en las que interviene, o sea en todo el mundo.
Y luego está la reacción antiprogreso, si es que a ese sistema económico arrollador se le puede calificar como progreso (independientemente de que algunos logros científico-tecnológicos lo sean, antes de convertirse en materia de mercado, con único interés de beneficiar a los accionistas y gestores de las compañías: ejemplo, la vacuna antimalaria de Patarroyo, comprada por una multinacional farmacéutica, desapareció), de sectores irritados de la población que ante tal decepción, vuelven sus ojos al pasado o a sus mitos, en busca de alternativas propias para impedir la destrucción absoluta y la disolución postmoderna (relativismo cultural) de sus señas de identidad como sociedades agrarias modestas y de costumbres familiares muy tradicionales.
De ahí el resurgir de los fundamentalismos religiosos cristianos (los primeros en surgir, en los EEUU de principios del SXX que era la sociedad más dinámica), los judíos (hasídicos ortodoxos, que dominan políticamente Israel y al lobby projudío en Norteamérica), los islámicos (primero en Egipto, con los Hermanos Musulmanes como reacción al naserismo, cuando la modernidad entraba a saco y chocaba con la miseria de los que no gozaban del favor colonial o estaban junto al gobierno y preferían sus arcaicas tradiciones). Y, luego, los otros fundamentalismos que van del hinduismo y sihjismo, al budismo y los chamanismos, reinterpretados ahora en clave postmoderna Nueva Era, que gozan de gran predicación y aparentan modernidad, pero reaccionan con fanatismo, incluso en la defensa de causas aparentemente justas, como los animales y la lucha antinucleares.
También forman parte de ello la proliferación y auge de los nacionalismos dentro de estados nacionales consolidados, creados a partir de las ideas occidentales, unos más virulentos y otros más negociadores, pero todos con valores tradicionalistas antiglobalización y atados a la etnidad y las lenguas vernáculas, como en España, Francia, Bélgica, la exYugoslavia fracturada, las exRepúblicas soviéticas, Canadá y el Reino Unido, etc. Y las subsecuentes reacciones centralistas de los nacionalismos estatalistas en cada lugar que, en ocasiones, son también muy enérgicas. A eso responden las posiciones españolistas anticatalanas y antivascas que denigran cualquier posibilidad de llegar a acuerdos con los nacionalistas que supongan merma en su control del territorio por el que los otros litigan, como Ibarretxe y Carod.
También se nota en casi todas las reacciones antimodernas (de un lado u otro) un sentimiento machista violento muy fuerte, un deseo de conservar el estatus tradicional de la familia, pues el valor desestabilizador más distintivo de la modernidad es la ruptura de papeles tradicionales y la emancipación de la mujer, su salida del control hogareño paternalista y la puesta en cuestión del sistema de patriarcado agrarista que aún perdura en la mente de todos los conservadores de cualquier sociedad y en la muchos de quienes se consideran progresistas, al ser inculcado en la tierna infancia.
De hecho, los asesinatos de mujeres y la violencia de género son la respuesta individualizada de unos fundamentalismos sociales sin organizar, que adquieren coherencia en religiones o nacionalismos tradicionalistas. Siempre se trata de reacciones violentas de sujetos o entes socio-culturales (incluyendo religiosos y políticos) que se ven "entre la espada y la pared" de sus ideas y la realidad y no soportan más esa horrible sensación de opresión y vergüenza, por lo que actúan con sentimientos extremados de autoinmolación de sí mismos y cargándose siempre que pueden antes a los causantes de su dolor, son en cierta forma parecidos a los anarcosindicalistas que mataban patronos a principios del siglo XX, sin estar organizados y estructurados, o como (aunque eso es un fenómeno algo distinto por sus características particulares) los estudiantes norteamericanos que tras ser suspendidos o expulsados de su escuela, entran armados y buscan la masacre de los que consideran culpables.
Y, es que el terrorismo fundamentalista tiene niveles distintos, pero parte de una reacción emocional de impotencia ante el dolor de la pérdida (esposa/novia, valores religiosos, esperanzas de futuro, nación o etnidad) que se expresa haciendo el máximo daño posible a la sociedad o a los individuos acusados como culpables. Y no permite negociar si se basa en absolutos, en términos míticos idealizados como el honor, la patria, el respeto a su Dios, su raza, su terruño, su familia, etc. Por lo que la búsqueda de soluciones es muy complicada.
Desde luego tampoco parecen favorables a acabar con esos problemas el uso de la violencia, las guerras, o intención de aplastamiento policial, porque producen metralla y semillas de nuevas adhesiones de sujetos siempre débiles en su carácter emocional y vulnerables a sumarse a la lucha contra el opresor, cualesquiera que sea éste.
El camino está en la reeducación emocional, la destrucción racional de los mitos y, en definitiva, el paso hacia delante del pensamiento humanista, en el sentido de enseñar a reflexionar desde niños acerca de lo que somos y nuestras inevitables diferencias para empatizar y tolerar, pero sobre todo para llegar algún día a tener un mundo donde unos no vivan a costa de otros, aprovechándose de ventajas previas como el lugar y la familia donde naces o la inteligencia que tengas.
Pero, mientras tanto, hay que buscar siempre vías de diálogo incluso con quienes tienen las armas en la mano, dado que estos ven a la sociedad dominante como armada contra ellos y es difícil que cedan unilateralmente a la imposición de los otros. No basta decir que se quiere la paz, hay que hacerla vivir. Y eso vale para toda clase de fanáticos. Hay que ser capaces de meterse en la mentalidad del marido celoso que mata a su mujer porque esta decidió irse de casa, al integrista que no soporta la contaminación de sus costumbres y su piedad religiosa por la modernidad televisiva que se extiende por sus ciudades, al nacionalista (vasco o español, me da igual) que piensa que su patria se rompe por culpa del otro, al animalista que en vista de que hay criaderos de visones decide soltarlos, al chaval desintegrado de quien se ríen los compañeros que un día coge un arma y entra a sangre y fuego, y a todos los demás, que ven tan negro su futuro que se lían la manta a la cabeza y salen a la calle a matar y/o morir porque no soportan ya la vida tan cambiada de como se les enseñó de niños que prefieren destruirla.

martes, octubre 02, 2007


EL MIRÓN INDISCRETO
Venga a cuento ésto de la columna de Javier Marías este domingo en EPS y la referencia que hace a otra de P.Reverte acerca del derecho a mirar, oír (yo añado y a oler, qué remedio) así como a comentar lo que nos plazca de cualquiera en el espacio público. Y la crítica suscitada por intolerantes, hipócritas y moralistas de todo cuño, los cuales se indignan ante el hecho natural de cotillear entre amigos (y amigos son nuestros lectores, pocos o muchos, en el sentido de ser personas aunque desconocidas a quienes contamos cuitas que pensamos y sentimos sin otro pudor que el buen gusto. Marías hablaba de las ofendidas (algunas "feministas" que le llamaron machista, cabrón y hasta neonazi) por comentar el aspecto de alguna mujer que vieron por la calle. Cómo si las mujeres no hablaran de nuestros culos y de lo mal que visten sus amigas, por poner un ejemplo que he escuchado muchas veces en la calle a chicas educadas.
Yo también soy de la opinión de que actualmente hay un desmedido seguimiento de modas ridículas y con peor gusto que nunca, aparte de cuestiones económicas y de extracción social, porque casi todas las chicas y los chavales se ponen en serie y parecen formar parte de casting para tribus urbanas. como esa tendencia que ya empieza a decaer de los pantalones a lo Cantinflas mostrando las braguitas tanga o los gayumbos con dibujitos infantiles.
Me ha ocurrido a mi recientemente que, gracias a que tengo callo en el espíritu y capacidad de respuesta en directo, nadie me intimida, pero un sujeto joven amachambrado a su chorba en un vagón de Metro me preguntó airado que qué miraba, porque yo me dedico a pasear mis ojos por el entorno y debían haber recaído en ellos un par de segundos, además de en casi todo el mundo alrededor, pues costumbre mía escuchar frases y conversaciones (como Vila-Matas, cuenta por cierto en su último libro que es su afición), fijarme en detalles que a otros pasan desapercibidos (de ahí las raras fotos que pueden ver en mi otro Blog EL METRONAUTA tomadas cotidianamente en cualquier lado), tan sólo por la curiosidad de sentir la humanidad de mis vecinos con todas su tonterías y grandezas. Le respondí, como era de recibo, que lo que me diese la real gana, puesto que mirar y escuchar son aún libres en esta sociedad y no estoy dispuesto a ceder mi derecho a hacer uso de sentidos tan maravillosos sólo porque a alguien le moleste que lo haga. Quien no quiera que se le observe que se quede en casa o viaje con burka -añadí- que lo que se ofrece a los ojos en lugar público es normal mirarlo y escucharlo y puesto que ellos no estaban en privacidad no eran quien para exigirme nada. Ella dijo que yo era un descarado, y respondí que si, y que si preguntaban a otras personas si les había mirado antes o después obtendrían una respuesta de ello. Una señora apoyó mi afirmación y otro caballero comentó lo absurdo de sentirse molesto porque alguien te mire en el metro. Añadí por último y para hacer un poco de sangre limpia al tema que había hecho profesión precisamente de mirar convirtiéndome en fotógrafo y además cobraba por ello. Se fueron con el rabo entre las piernas, rebajando su enfado con disculpas vagas y justificando una cuestión absurda, más basada en su deseo machista de reforzar su sentido de propiedad respecto a la moza y hacer de gallito moralista.
La cosa no tiene importancia en sí. Pero esta siendo así en los últimos tiempos y debido a los abusos de todos esos que compran y venden imágenes propias y ajenas, persiguen y acosan a los que no se ofrecen y luego discuten en los tele-basureros si fue así o de otra forma, si estaba éste o aquel en la borrosidad de la grabación o si hacía o deshacía ovillos el fulano o la gallarda y todo lo demás que a nadie mas que a un patio de vecindad debería interesar, pero vende y mueve kilos a mansalva.
Como dice Marías "basta ya de hipocresías y dengues", todo el mundo mira y hace comentarios, a qué viene mosquearse si uno da lugar a que se observe y se hable (la foto de arriba es robada, claro, en un bar pero podría haberla hecho en un millón de sitios para mostrar el horrendo gusto de mostrar espaldas, ombligos o escotes y luego ofenderse cuando quien pasa por al lado mira (con o sin descaro) . Ahí está esa vieja foto de Doisneau (ahora en la exposición de los culos en el Canal de YII) entre otras muchas de una pareja mirando un escaparate en donde la mirada oblicua de él se desvía hacia un retrato de una señorita sin ropa en un lateral mientras ella mira otras cosas. Una foto que fue seriada y con su cámara disimulada para captar el entonces indiscreto acto de mirar de soslayo lo evidente. Yo, como el rey de Redonda y el duque de Corso no voy a pasar por ningún aro que pretenda prohibir la mirada, la palabra hablada y escuchada y hasta, como dije antes los olores, perfumados o hediondos que la calle y los espacios públicos me traen, porque es mi naturaleza ser mirón y ni esos estúpidos vigilantes de seguridad privada que quieren prohibir retratar hasta la Torre Picasso, por poner un ejemplo notorio, ni los policías que no demuestren que existan motivos de seguridad reales para impedirme trabajar en mi oficio lo lograrán. Y últimamente están muy pesaditos con eso jodiendo más de lo debido cuando no tienen motivo, como en accidentes o manifestaciones. Si alguien quiere tomar medidas que llame a un juez y a la ley me someteré, nunca al capricho moroso de nadie.

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Madrid, Madrid, Spain
Soy fotógrafo de prensa en MADRID y además me gusta escribir. Tengo ya 60 años. Y opino que si no hubiera ni religiones con dioses ni ideologías totalitarias el mundo iría mucho mejor. No creo en la propiedad porque entré sin nada y así me iré de este mundo. Pero sonrío siempre que puedo a la gente (lo que produce efectos de todo tipo: unos se mosquean y otros me la devuelven). El cambio revolucionario lo están produciendo las mujeres al incorporarse a los usos del poder, así que espero que la sociedad vaya mejorando sin violencia y que el mundo detenga la locura de las guerras y los fanatismos para que algún día nuestros nietos vivan mejor. Mi otro Blog ¿POR QUÉ? es aún más descarado.